La noticia económica del momento -desgraciadamente desfavorable- proviene de las declaraciones proteccionistas que emitió recientemente en la revista Forbes el presidente de EU, Donald Trump. ¿Reiteraciones sobre su opinión personal acerca del TLCAN o simplemente estrategia con vistas a la renegociación de ese tratado? Podría ser lo segundo, aunque cada vez se ve más remoto que ése resulte el caso. Cada ocasión que abre la boca, Trump se confirma frente al mundo como un mercantilista convencido, terco e ignorante. / Es una bendición que en este panorama aparezcan fuerzas antagónicas a las ideas proteccionistas de Trump. Un caso importante, ya señalado.__aquí en las páginas de El Economista, es el de la American Chamber of Commerce, la cual, a través de su presidente, Tom Donohue, criticó las propuestas proteccionistas que los representantes de EU traen en cartera para la siguiente ronda de negociación. Igualmente satisfactoria es la actitud que ha tomado el Fondo Monetario Internacional al pensar que México y el peso saldrán a la postre bien librados de “las fricciones comerciales con EU...” Por su parte, el gobierno de Canadá ha adoptado en esta controversia una actitud bien triste de lavarse las manos al estilo de Poncio Pilatos.

En este panorama de polémicas comerciales se ha notado en particular la ausencia -en la forma de no participación- de la intelligentsia en los EU. Ese país tiene en su seno a la mayoría de las universidades más prestigiadas del mundo. ¿Cómo es posible que en la presente coyuntura de tanto oscurantismo no hayan salido a la palestra los profesores expertos en comercio internacional de Yale, Harvard, MIT, Stanford, Chicago, etcétera, para enmendarle la plana a Trump y explicarle los daños económicos que trae el proteccionismo comercial para todos los pueblos del mundo?

En particular, esos expertos deberían explicar a la opinión pública estadounidense los efectos que traería para su bolsillo la cancelación del TLCAN. La consecuencia de esa cancelación será que las familias de ese país tendrán que pagar precios más elevados por los productos que consumen, además de que esos satisfactores se les ofrecerán en menor calidad y variedad. Que en este espacio se expliquen esos efectos es una cosa, y otra muy diferente que lo hicieran figuras de la ciencia económica como Stigler o Lawrence Summers. ¿Por qué no lo hacen?

BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico