La firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) fue vendida por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari como la puerta de entrada a una era de prosperidad y desarrollo para los mexicanos.

El 12 de agosto de 1992, Carlos Salinas dirigió un mensaje a la nación tras la culminación de las negociaciones del TLCAN. Afirmó que el propósito fundamental del tratado era crear más empleos y mejor pagado para los mexicanos ( ) y es así, porque vendrán más capitales, más inversión, que quiere decir más oportunidades de empleo aquí, en nuestro país, para nuestros compatriotas. En palabras sencillas, podremos crecer más rápido y entonces concentrar mejor nuestra atención para beneficiar a quienes menos tienen .

Ante las críticas que se formulaban desde entonces por los posibles daños ambientales que dicho acuerdo podría acarrear, Salinas prometió una enérgica defensa del medio ambiente, así como la protección de los trabajadores mexicanos.

No permitiremos que industrias que contaminen o dañen el medio ambiente pretendan aprovecharse del Tratado, y cuidaremos siempre el estricto respeto a los derechos de nuestros trabajadores .

A dos décadas de que dicho acuerdo entró en vigor, puede afirmarse que ninguno de esos grandes objetivos prometidos se cumplieron y que el objetivo de alcanzar mejores niveles de vida para la población mediante el TLCAN, ha fracasado también.

Las metas de mayor crecimiento y creación de empleo no se han alcanzado. La tasa de crecimiento de la economía del país en décadas recientes es menor a 2 por ciento, un tercio de la tasa de crecimiento que hubo durante el periodo del desarrollo estabilizador.

La creación de puestos laborales es otro de los grandes fracasos. Un estudio reciente de la Universidad Anáhuac revela que a 20 años del TLCAN México padece un faltante de alrededor de 11.29 millones de puestos de trabajo formal , lo que explica en buena medida el crecimiento de la llamada economía informal y, debe ser considerado como un factor que explica el crecimiento de la delincuencia organizada y de la violencia en el país.

Es cierto que el TLCAN ha aumentado exponencialmente el comercio exterior mexicano. De 1994 a 2012, México ha exportado mercancías por un monto de 3,766,986 millones de dólares (mdd), pero en el mismo lapso hemos importado 3,888,570 (mdd), por lo que existe un déficit de 121 mil millones de dólares, es decir, un promedio anual de 6,600 mdd.

Lamentablemente el crecimiento de los volúmenes de comercio exterior no se traducen en beneficios para los trabajadores, como prometió Salinas. De hecho un trabajador mexicano, en 2012, debería trabajar casi 24 horas para comprar una canasta de alimentación recomendable, cuando en 1994 se requerían poco más de doce horas.

Contra lo prometido por Salinas, en estos dos décadas se afectó el medio ambiente y los ecosistemas en distintas regiones del país; es posible que no toda la devastación medioambiental sea producto del TLCAN, pero lo cierto es que el medioambiente empeoró en lugar de mejorar en estas dos décadas.

Pero hay dos consecuencias directas que sí deja el TLCAN: la crisis del campo y el aumento de los procesos de despojo que padecen miles de pueblos y comunidades del país, pues el cambio de leyes (por ejemplo en el sector minero o turístico) alentaron las inversiones que provocan procesos de despojo e invasión en territorios de México.

En resumen, el TLCAN ha provocado enormes riquezas para los capitales privados fortaleciendo una casta económica en cuya cúspide está Carlos Slim, mientras que la pobreza se ha mantenido, pero obligando a más miembros de la familia a trabajar más para poder de comprar lo básico para reproducir su vida. El sueño de la modernidad autoritaria que impuso Carlos Salinas al país ha fracaso estrepitosamente.

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