Bajo ese título, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, presidido por Jaime Zabludovsky y dirigido por Claudia Calvin, organizó un simposio para analizar los alcances obtenidos por el TLC de América del Norte y los retos que enfrenta dicho acuerdo en el futuro inmediato.

Más allá de las reflexiones que prestigiados analistas e investigadores compartieron con actores de los sectores empresarial y político sobre los efectos que el TLC ha producido en la región y, en específico, en nuestra economía el evento resaltó un tema pocas veces comentado relativo al impacto del TLC en otros acuerdos comerciales celebrados en otras regiones del mundo.

Este tema lo expusieron Herminio Blanco y John Weekes, jefes negociadores del TLC por México y Canadá, junto con Rufus Yerxa, ex Embajador americano ante el GATT.

El TLC no era un tratado meramente comercial para bajar aranceles al comercio exterior, sino que integró, por primera vez, acuerdos en materia de servicios y de inversión. Por lo tanto, tenía que resolver trilateralmente su interacción con acuerdos bilaterales de inversión y fiscales en disciplinas como trato nacional y nación más favorecida . La construcción de la cláusula tributaria del TLC, en la que participaron Guillermo Aguilar Álvarez, Emilio Romano, Jacques Sasseville, Ann Fisher, Marcia Fields e instrumentaron Sam Sessions, Leslie Samuels, Kevin Dancey y Francisco Gil Díaz, entre otros, resultó clave para la conclusión de la interminable Ronda de Uruguay, por la que el acuerdo de servicios (GATS), junto con el acuerdo comercial (GATT) daban paso a la actual Organización Mundial de Comercio.

Junto con Sasseville, de Canadá, y Samuels, de Estados Unidos, impulsamos los acuerdos del comité fiscal de la OCDE para unificar una posición del organismo en la vinculación de los tratados fiscales con acuerdos como el GATT y el GATS. Ello facilitó la conclusión del TLC con la Unión Europea y sentó las bases de un acuerdo multilateral de inversión (auspiciado por la OCDE) que finalmente no concluiría por la oposición de economías en vías de desarrollo a su integración. Como fuera, es claro que los acuerdos internacionales de comercio, inversión, servicios o impuestos no volverían a ser los mismos después de la forma en que el TLC resolvió la coexistencia multidisciplinaria apuntada.

Fuera de agenda, el simposio resultó en un ejercicio nostálgico no visto en 20 años. Los eventos políticos, y luego los económicos, que acompañaron al TLC en su arranque opacaron su importancia y al hecho de que funcionaba diligentemente. Tampoco ayudó que los secretarios de Economía del 2000 al 2012 no tenían el menor conocimiento del tema.

Por ello, resultó gratificante poder ver a quienes encabezaron aquella negociación Jaime Serra, Carla Hills y Michael Wilson y a gran parte del equipo del primero, liderado por Blanco y por Zabludovsky, y secundado por Hermann Von Bertrab, Guillermo Aguilar Álvarez, María Eugenia Bracho, Gabriela Hernández Cardoso, Luis Alberto Aziz, Luis de la Calle, Ildefonso Guajardo (ahora secretario de Economía), Sergio López, Jimena Moreno, Beatriz Leycegui, Hugo Perezcano, Raúl Urteaga, Ken Smith y Eugenio Salinas, entre muchos otros que integraron al grupo que creó a tan importante instrumento jurídico, responsable de un proceso de modernización sin precedente en nuestro país.