Las pasadas semanas se han caracterizado por un incremento en el debate sobre cómo mejorar todos los aspectos de la realidad mexicana. Como siempre, es típico de un periodo preeleccionario, el sector de telecomunicaciones no se ha visto privado de atención pues muchos de sus protagonistas han utilizado todos los medios a su alcance para comunicar su visión de desarrollo de la industria.

Personalmente, siempre he estado en favor del debate constructivo que sirva como catalítico para la implementación de medidas concretas. Por lo tanto, me parece sumamente positivo que por lo menos todos los actores del sector de telecomunicaciones nacional concuerden que se tienen que hacer cambios para impulsar el desarrollo del país e incrementar el número de mexicanos que tienen acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TICs).

Si nos remitimos a estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el incremento de 10 puntos porcentuales en los niveles de penetración de banda ancha en América Latina se traduce en un crecimiento promedio de 3.2% del PIB regional. Tomando como base cifras del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional se observa que este crecimiento en banda ancha representa entre 154,000 millones a 165,000 millones de dólares en crecimiento económico para toda la región y, en el caso de México, esto implica un crecimiento de hasta 33,000 millones de dólares en el PIB del país. Sin dudas, impulsar el crecimiento de las TICs es requisito esencial para el desarrollo del país.

Signals Telecom Consulting considera que el crecimiento de los servicios de telecomunicaciones en los segmentos de menor poder adquisitivo sólo será viable por medio de la cooperación del sector privado con el sector público. Deben existir incentivos que promuevan la entrada de los operadores en las regiones apartadas del país, aunque los gobiernos tienen que comprender que, para desplegar una red, existe la necesidad de una infraestructura básica en el lugar que se pretende conectar.

Debe quedar claro que incrementar el acceso a las telecomunicaciones en zonas alejadas sólo se puede lograr poniendo más énfasis en los ciudadanos. Se debe implementar un plan nacional que integre los esfuerzos del sector público y privado. Este plan debe delinear su alcance en cobertura territorial, el rol de los participantes y el tiempo de cumplir dichas metas. Incentivos como la reducción de impuestos deben integrarse a esta agenda nacional como estímulo y no como eje central de un proyecto que, en un entorno convergente, debe incluir telecomunicaciones y tecnologías de la información si es que desea tener éxito. Es sumamente importante que las autoridades comprendan que el éxito de cualquier iniciativa para conectar a las zonas rurales y remotas del país dependerá del nivel de inversión en infraestructura y mucho menos, innovación tecnológica.

La inminente llegada y expansión de tecnologías inalámbricas como HSPA+ y LTE será un importante catalítico para incrementar el número de accesos de banda ancha en zonas donde los operadores fijos no ofrecen servicios. Sin embargo, la historia reciente muestra que los primeros usuarios de servicios 3G eran, en su mayoría, corporativos. Para evitar esta repetición hay que adoptar medidas que sirvan a los usuarios para abaratar los costos de acceder a Internet. La sociedad civil puede contribuir a llenar algunos vacíos como la capacitación, pero son los gobiernos quienes tienen que asumir el liderazgo de fomentar la inversión en infraestructura, teniendo en cuenta que sólo se puede fomentar la competencia e impulsar la adopción de servicios en aquellas zonas del país donde exista una red de telecomunicaciones desplegada.

Como se puede observar, es bastante claro lo que las autoridades mexicanas deben hacer para desarrollar las telecomunicaciones del país. Es por esta razón que me llamó mucho la atención el capítulo Objetivos, líneas de acción y estrategias de la Agenda Digital Nacional (ADN) de México. Aunque las sugerencias son buenas, desafortunadamente, no son nuevas. Hace más de una década, estudios publicados por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el BID o la Cepal dicen básicamente lo mismo. Por ejemplo, la similitud de la ADN con documentos del Foro Mundial de la Sociedad de Información es sorprendente. Si ya existen todos estos documentos, muchos de ellos elaborados con participación activa de México, ¿por qué la ADN repite en lugar de proponer cambios concretos?

Desde mi punto de vista, la ADN no pasa a ser una colección de buenos deseos. Yo esperaba algo más: propuestas concretas, metas de crecimiento, objetivos que sirvan para trazar un camino. Quizás el fallo sea mío por desear un proyecto de desarrollo de TICs con pocas palabras pero mucha acción.

*José F. Otero es presidente de Signals Consulting.