El 30 de noviembre concluye el periodo para el que fueron designados ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Silva Mesa y Olga Sánchez Cordero y, una vez que el presidente Enrique Peña Nieto envió las ternas para su remplazo, se espera que en las próximas semanas o días, el Senado de la República decida quienes serán los nuevos integrantes del pleno del máximo órgano del Poder Judicial de la Federación.

No es un asunto cualquiera. Cuando pasen a retiro esos dos funcionarios habrán sido relevados todos los ministros de la histórica corte de 1995, quienes asumieron esa función luego de la reforma al Poder Judicial impulsada por el presidente Ernesto Zedillo, que entre otras cosas disminuyó de 26 a 11 los espacios en el pleno.

Parece elemental, pero los que saben de estos asuntos lo primero que ponen sobre la mesa cuando analizan el perfil de los ministros que integran las dos salas de la SCJN es si se trata de ministros de carrera y si su comportamiento en su desempeño ha sido liberal o conservador.

Actualmente hay cinco ministros de carrera; Juan Silva Meza, Margarita Luna Ramos, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Alberto Pérez Dayán y Luis María Aguilar. Los otros seis son externos, es decir, que no tenían una carrera previa en el poder Judicial. Ellos son José Ramón Cossío, Olga Sánchez Cordero, Arturo Zaldivar Lelo de la Rea, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, José Franco González Salas y Eduardo Medina Mora.

Los liberales son Juan Silva Meza, José Ramón Cossío, Olga Sánchez Cordero, Arturo Zaldivar y Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, mientras que los conservadores son Margarita Luna Ramos, Jorge Mario Pardo Rebolledo, José Franco González Salas, Alberto Pérez Dayán y Eduardo Medina Mora. A Luis María Aguilar lo ubican más bien como moderado. Eso quiere decir que se van dos ministros progresistas. Él de carrera y ella Externa.

Y es ahí donde la pala se dobla porque sin ellos sólo quedarán tres ministros progresistas y simplemente por tener una Corte equilibrada se requerirían dos ministros que tuvieran ese perfil, aunque esto queda sólo en el campo de lo deseable.

Además, con la salida de la ministra Olga Sánchez, quedaría únicamente una mujer: Margarita Luna Ramos. Aquí el asunto es que debido a la forma que quedaron integradas las ternas sólo ingresaría una mujer. Aquí ni por asomo hay paridad de género.

Pedimos opinión al director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Pedro Salazar y nos dijo que en este proceso de selección de ministros no debe de desconocerse que el país está viviendo un momento de zozobra en materia de Estado de Derecho y Derechos Humanos. Vivimos una crisis sin precedentes de carácter interno que tiene repercusiones internacionales en materia de derechos humanos y por lo mismo el Estado mexicano debe lanzar un mensaje contundente a propios y extraños de su compromiso con la agenda de los derechos humanos, con el constitucionalismo democrático, así como con el Estado de Derecho.

A su vez José Luis Caballero, director del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana nos dijo contundente: necesitamos una corte de derechos humanos , es decir, una Corte que se vea como confiable, legítima, donde la gente y las minorías en relación con los derechos humanos encuentre en ella protección a sus derechos, reparación de violaciones y una dignificación.

Por eso es importante quién ocupa un asiento en la Corte.