México está en la terna, representado por Agustín Carstens. ¿Cómo afectará a nuestro país abrir un hueco en el Banxico en momentos electorales?

El efecto mariposa existe. Esos pasos que DSK dio en una suite del Sofitel de Nueva York se convirtieron en un terremoto que se dejó sentir a cientos de kilómetros de distancia. Cimbró la contienda presidencial en Francia, abrió grietas en la negociación del rescate de Grecia y dejó un asiento vació en el cuartel general del FMI en Washington. El tropezón abrió la puerta a la posibilidad del cambio en la cabeza de un organismo que lleva seis décadas en manos de los europeos.

El FMI tiene 900,000 millones de dólares para prestar y la capacidad de emitir su propia moneda, los Derechos Especiales de Giro. Está viviendo un segundo aire, luego de la crisis del 2008. Ha jugado un papel protagónico en la crisis de la deuda de Europa, mediante la entrega de apoyos multimillonarios a Grecia, Portugal e Irlanda. Los principales ejecutivos del organismo se han desempeñado como árbitros en las disputas de los miembros de la Unión Europea. Francia contra Alemania; nórdicos contra mediterráneos.

La renuncia de DSK no sorprende a nadie. Las acusaciones en su contra son serias y se desahogarán en un proceso legal que tardará muchos meses. Es imposible ser el número uno del FMI y, al mismo tiempo, atender un litigio que atrae reflectores y comentarios maliciosos por millares. En Francia 57% cree que este señor fue víctima de una conspiración, según el diario 20 minutes. Fuera de allí no hay tanta empatía por su situación. En Washington, decenas de feministas se manifestaron para exigir un castigo ejemplar.

El cargo de Director Gerente del FMI es uno de los cinco más importantes del sistema financiero internacional. En esa constelación están el Jefe de la Fed, el Presidente del Banco Central Europeo y el titular del Banco Mundial. El Director Gerente gana 475,000 dólares anuales y 75,000 dólares para gastos personales. Es más o menos lo que gana Ben Bernanke en la Fed o Robert Zoellick en el Banco Mundial. Mucho menos de lo que ganan los banqueros privados de élite.

La lista de aspirantes a sustituir a DSK es muy grande y, por primera vez, no hay ventajas geográficas para nadie. El origen del próximo jefe del FMI tendrá un enorme contenido simbólico. Es el siglo XX contra el siglo XXI. Los europeos quieren mantener viva la tradición, a pesar de que su peso en la economía global es menguante. Los BRIC quieren que se reconozca que el orden mundial que derivó de la Segunda Guerra es cosa del pasado. Brasil, Rusia, India y China tendrán mayor peso en la economía mundial que toda Europa para el 2025. Les parece natural que, desde ahora, se les tome en serio para la definición de los titulares de los organismos financieros. El gran elector será Estados Unidos, que tiene 16% de los votos, pero no ha tomado partido.

México está en la terna, representado por Agustín Carstens. El Gobernador aparece ahí por los méritos acumulados en los años que trabajó en el Fondo. No hay señales de que el gobierno federal esté moviéndose para respaldar su candidatura. Es natural, hasta cierto punto, más allá del prestigio que daría a nuestro país la llegada de un mexicano a la jefatura del banco de los rescates, hay un tema serio: ¿Por qué correr el riesgo de abrir un hueco en el Banxico en momentos en los que la sucesión presidencial empieza a desbocarse y la economía de Estados Unidos entra en fase definitoria?

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