Es uno de los grandes absurdos de las finanzas públicas, es un insulto para tantas carencias sociales que tiene el país.

Pero el hecho de que durante el primer trimestre se hayan gastado 50,687 millones de pesos en subsidiar las gasolinas es algo irremediable en este país.

En cualquier nación con un poco de sentido común, uno de los grandes temas de la campaña opositora sería evidenciar que un gobierno es capaz de gastar en tres meses una cantidad similar al presupuesto del Ejército en pagar una parte del costo de la gasolina de los que tienen automóvil.

Pero nada de eso, al contrario. Lo castigado por los políticos de escasa mira es que el gobierno federal trate de alcanzar los precios internacionales con incrementos mensuales mínimos.

En este país donde las cosas funcionan al revés, los políticos que se hacen llamar progresistas o de izquierda señalan al gobierno por su intento tímido de emparejarse con la realidad mundial de combustibles caros a razón de menos de 10 centavitos al mes.

La Ley de Ingresos aprobada para este año contemplaba un total de 51,269 millones de pesos en subsidios a las gasolinas para todo el año, pero todo se quemó en un solo trimestre.

Lo peor de todo es que no hay manera de que se pueda frenar este dispendio durante la segunda mitad del año, por la simple y sencilla razón de que el segundo trimestre del año es el periodo de campañas.

Si a alguien no hay que alterar durante estos días es a los votantes. Y menos a los que tradicionalmente son clientela de un partido de derecha, como a las clases medias, que son los únicos que disfrutan de los aumentos.

Los siguientes aumentos a los precios de las gasolinas, antes de las elecciones serán este sábado y el sábado 2 de junio, justo un mes antes de la jornada electoral. Y ya, no más incrementos hasta que pase el día electoral.

Vendrán los meses de entrega recepción y ese tiempo de transición debería ser utilizado para cambios más profundos, como una reforma fiscal o energética y no para liberar un precio como el de la gasolina. Aunque esa, en sí misma sería una reforma fiscal.

Las gasolinas cuestan lo que cuestan porque el precio del petróleo es alto, no porque se fabriquen en México o en el extranjero, eso realmente no marca mucha diferencia.

Un barril de la mezcla mexicana de petróleo, que es de hecho un promedio de los tres tipos de crudo que se producen en México, es de 110 dólares y si el barril es de 152 litros implica que cada litro de crudo cuesta, en pesos, 9.40. De ahí a los 10 pesos que cuesta el litro de la gasolina de más bajo octanaje que se vende en México hay centavos de diferencia.

Esto prueba que construir refinerías a lo loco no es la solución. Simplemente, la gasolina es cara y hay que pagarla a su precio a la par que se experimentan otras energías más económicas para el transporte.

La primera piedra

No es ahora el PAN, sino las firmas calificadoras internacionales las que reviven el temor de que Andrés Manuel López Obrador se convierta en un peligro para México.

Con una candidata panista incapaz de repuntar en las preferencias electorales, hay la posibilidad de que el tercer lugar empiece a repuntar en las encuestas y con ello los temores de los mercados de que un personaje del perfil de López Obrador pudiera tener posibilidades de ganar la presidencia.

Ése es el temor de la firma Standard and Poor’s que, a través de su analista para México Lisa M. Schineller, advierte que si el candidato del PRD pasara de la tercera a la segunda posición y subiera de manera considerable en las encuestas, podríamos esperar un incremento en la volatilidad en el mercado.

Es un hecho que hace seis años más de un analista se escondía debajo de su escritorio ante el escenario de un triunfo de López Obrador, pero por ahora ésta es la primera versión de un miedo abierto sobre esta posibilidad.

Por lo visto, desde las firmas más importantes de análisis financiero del mundo no creen que este candidato haya realmente decretado una genuina República del Amor.

[email protected]