En este siglo la tasa de interés pasó de 1% en el 2014 a 5% en el 2006.

Ya es un asunto para la historia, pero en junio de 1980 las tasas de interés en Estados Unidos estaban en 9%, aunque las presiones inflacionarias de entonces llevaron el costo del dinero a 20% en diciembre de ese mismo año.

Ya en este siglo, la tasa de interés pasó de 1% en el 2004 a 5% en el 2006. Otra vez la inflación había dejado el costo del dinero en el terreno negativo y la Reserva Federal (Fed) de Alan Greenspan subió las tasas. Esta corrección pilló a muchos acreditados con segundas o terceras hipotecas que se volvieron impagables, entre otras calamidades de los excesos financieros que se dieron en Estados Unidos.

La gran recesión que se desató a finales del 2007 cambió la cara económica del mundo y lo nuevo y normal desde entonces ha sido un crecimiento bajo acompañado de una inflación baja, incluso de episodios deflacionarios en el primer mundo.

Podrá algún día en el futuro, en otras décadas, volver a subir de forma significativa la inflación general de Estados Unidos y del mundo, pero por lo pronto ése no es un escenario que hoy tenga alguna posibilidad.

Esos incrementos en el costo del dinero de los 80 y de principios de este siglo fueron reactivos ante las presiones inflacionarias. Los aumentos de estos tiempos son preventivos.

No hay hasta este punto las evidencias económicas contundentes para justificar técnicamente un aumento. Ni el empleo, la inflación o el consumo, mucho menos la industria, justificarían una decisión by the book.

Es una señal de confianza, un desplante de poder, una forma de decir que los banqueros centrales están cuidando a una economía que tiene el flanco monetario totalmente vulnerable sin ningún tipo de blindaje.

Y mientras se mantengan las condiciones económicas actuales, es un hecho que podrán iniciar el proceso de alza de las tasas de interés, pero que serán incrementos tenues, pausados, graduales. Podrá subir la tasa de referencia, pero el dinero seguirá barato, no hay duda.

Porque más allá de que un incremento pequeño no debería afectar el desempeño económico, sí puede tener una gran influencia en los mercados financieros.

La realidad de un dólar barato llevó a los capitales a refugios poco seguros, bonos de alto riesgo en empresas y países que captaron recursos baratos pero que ahora enfrentan la posibilidad de no poder hacer frente a su liquidación por el alza en la tasa de referencia de la Fed. Es un peligro real.

En el caso de México, se ha especulado sobre la posibilidad de que mañana el Banco de México vaya en sentido contrario de todas las señales que ha lanzado hasta hoy y se incline mejor a ser reactivo antes que preventivo.

Es verdad que la inflación está en mínimos históricos. Vamos a ver la inflación anual al cierre del año en 2%, lo que es algo tan extraordinario como insostenible. Pero estamos viendo también los dólares a 17.50.

La inflación de hoy no justifica que la Junta de Gobierno de Banxico se aviente un aumento by the book de la tasa actual de 3 por ciento. Pero alinear las fechas con la Fed, adelantar que se seguirán los pasos estadounidenses, para después echarse para atrás puede ser una señal mucho más costosa que un cuarto de punto de aumento.

Los dólares a 16 no afectaron la inflación, a 17 son un misterio que no impacten, pero a 19 o 20 sería tentar la suerte de forma innecesaria.