Es horrible lo que voy a decir, pero no por eso es menos cierto. En México no estamos acostumbrados a planear, lo que ha provocado que en muchos rubros de primer orden el crecimiento se dé en forma caótica.

Desafortunadamente, a esta deficiencia del genoma nacional hay que agregar otra; en México no estamos acostumbrados a sumar, y esto se nota en lo complejo que resulta alcanzar acuerdos para establecer objetivos y estrategias comunes.

Es por esto que muy pocos planes nacionales pueden ser considerados en verdad nacionales, debido a las marcadas diferencias que se registran entre ellos y los planes, programas y acciones, que se llevan a cabo en los ámbitos estatal y municipal.

Son, asegura la clase política, los efectos naturales del federalismo; del Artículo 115 constitucional que, en defensa del municipio libre , parte en más de 2,000 pedacitos al país y de una muy inmadura democracia que todo lo politiza y pinta de color.

Pero el hecho es que la falta de planeación ha provocado que desaprovechemos en forma absurda uno de los mayores potenciales del país, su suelo, que en lugar de ser un factor de desarrollo económico y social, se ha convertido en la principal causa del desorden urbano, que hoy se traduce en ciudades poco competitivas.

Es lamentable, pero el ordenamiento territorial no figura entre las prioridades del país y esto se nota en la estructura del gobierno federal, que no cuenta con una instancia encargada al menos de la parte que atañe el desarrollo urbano.

Hoy la planeación del desarrollo urbano es facultad de estados y municipios, con el enorme problema de que no existe un plan integral de alcance nacional que entienda el ordenamiento como la suma y articulación de los programas de desarrollo urbano de estados y municipios.

Es así que apenas esta semana y por supuesto sin el debido consenso, se aprobó una nueva ley de desarrollo urbano para el Distrito Federal, que, dejando por un momento de lado su contenido, nada tiene que ver con las regulaciones existentes al menos en los estados que junto con la capital del país definen esa amorfa superficie conocida como zona metropolitana de la ciudad de México.

Uno supondría que quienes presentaron la iniciativa, que dio lugar a esta nueva ley, tomaron como base los lineamientos existentes en el ámbito federal.

Desafortunadamente no fue así, porque a partir de que la antigua Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología fue transformada en la poderosa Secretaría de Desarrollo Social, buscando con ello dar una mejor plataforma a la carrera política de Luis Donaldo Colosio, el ordenamiento territorial quedó relegado a un segundo nivel en la misma Sedesol.

Si estuviéramos hablando de una empresa, sería evidente que cualquier ejercicio de planeación estratégica partiría de la definición del objetivo para implementar, en consecuencia, planes y estrategias encaminadas a cumplirlo.

¿Será que nadie se ha preguntado qué papel juega el territorio nacional como parte de un plan maestro encaminado a generar el futuro que queremos?

Salta a la vista que no existe un plan maestro que defina objetivos de alcance nacional que sean el resultado de muy profundos estudios de planeación regional, que reconozcan la vocación y potencial, ya no digamos de estados y municipios, sino de cada una de las comunidades que integran ese todo que se pretende desarrollar.

En claro contraste, mientras en México nos olvidamos de las oportunidades que ofrece nuestro territorio, pasado mañana se inaugura la Expo Universal Shangai 2010, teniendo como tema central Mejor Ciudad, Mejor Vida y buscando presentar los mejores ejemplos de los dos siglos recientes en materia de desarrollo urbano.

Ciento noventa y dos países acudirán a la cita, la mayoría, tristemente como México, para ver con envidia cómo muchos países se han transformado con base en profundos ejercicios de planeación del uso de su territorio y al enorme interés depositado en sus estrategias de desarrollo urbano.

Y sí, México va a asistir e incluso contará con un magno pabellón en esta feria mundial, pero ¿tenemos de qué presumir en materia de desarrollo urbano?

De acuerdo, a los mexicanos no nos gusta planear, ¿tenemos entonces que resignarnos a ver cómo nuestra economía pierde competitividad y nosotros calidad de vida?