En 2019, México vivió una etapa muy difícil en cuanto a crecimiento económico y creación de empleos se refiere. Este año, a causa del Covid-19 y de la ausencia de medidas oportunas por parte de las autoridades, dicho problema se ha exacerbado hasta llegar a niveles alarmantes. Uno de los síntomas más graves de la actual crisis es la falta de oportunidades, empleos formales y buenas condiciones laborales para los jóvenes. Es imposible imaginar un porvenir mejor si quienes serán sus protagonistas no pueden vivir con dignidad ni construir un futuro estable.

Al respecto, la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno ha recabado información que expone la precariedad y la vulnerabilidad laboral en las nuevas generaciones. Así, por ejemplo, en marzo, cuando el coronavirus comenzaba a crecer exponencialmente, el 70% de los empleos formales perdidos ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fueron de menores de 29 años, los cuales no sólo dejaron de percibir un ingreso, sino que vieron desaparecer su seguridad social en un momento en el que corrían grave riesgo de enfermarse. Durante el mismo periodo, la tasa de desempleo para este sector fue del 41%, mientras que para el resto de la población fue del 28 por ciento.

Pero el desempleo es solamente una cara de la moneda. Al hablar de precariedad, basta señalar que 67% de los jóvenes ocupados no puede siquiera pagar la canasta básica para una familia de dos personas, es decir, para ella o él y alguien más. Complementariamente, 61% de los jóvenes desempeñan sus labores en la informalidad. Esto quiere decir que no cuentan con seguridad social, que no tienen estabilidad laboral ni pueden ejercer muchísimos de sus derechos laborales. Por si fuera poco, a causa del efecto cicatriz, a la mayoría de estos jóvenes les será muy difícil integrarse al mercado laboral formal y crecer profesionalmente. Se trata de un círculo vicioso.

Año con año, 1.2 millones de jóvenes salen a buscar un trabajo. Cada uno de ellos tiene derecho a un espacio y una oportunidad para alcanzar su desarrollo personal y enriquecer la vida productiva y social del país. Por supuesto, con la crisis de desempleo generada por la pandemia, se tendrán que redoblar esfuerzos para recuperar también los trabajos perdidos en estos meses. Es necesario encontrar y promover cuanto antes esquemas innovadores que puedan crear empleos dignos, legales, estables, flexibles y productivos.

La subcontratación responsable y profesional puede utilizarse con inteligencia para dar empleos a los jóvenes. A principios del año pasado, alrededor de 2 millones de jóvenes estaban empleados por algún esquema de tercerización. Lo más importante es que las empresas dedicadas a la subcontratación pueden reclutar, capacitar (presencialmente o vía remota), contratar y supervisar legalmente y de manera expedita a gente joven, garantizando que las nuevas generaciones adquieran la experiencia y las competencias que requieren. La tercerización está asociada con esquemas como el trabajo a distancia y el empleo a tiempo parcial, que pueden darle a los jóvenes la flexibilidad necesaria para seguir estudiando o continuar desarrollándose en otros ámbitos de su vida personal.

Tenemos que resolver el desempleo y la precariedad que pesa sobre las nuevas generaciones. Si la subcontratación puede contribuir a crear masivamente empleos dignos, flexibles y legales, tenemos que impulsarla. Resolvamos los retos laborales con soluciones innovadoras. De ese modo, acabaremos con problemas y vicios antiguos, con esquemas que ya no sirven o que simplemente jamás funcionaron.

*Elias Micha es director general de TallentiaMX.