¿Artista o cazador canadiense de alces? Extraño personaje este Javier Sicilia, de quien yo sólo conocía uno de sus libros, donde pone como chancla, sin decir nombres, claro está, a la jerarquía católica y a don Marcial.

Un poco contradictorio el bardo: su pasión por los místicos españoles y su colaboración en Proceso. Las madres y cabrones que profiere frente a sus florituras verbales que, generoso, ofrece al pueblo en su totalidad, esto es, a través de prensa, radio y TV: Ten siempre en tu mente a Ítaca -Concha me preguntó si Ítaca es un balneario en el estado de Morelos; con pena tuve que acudir al diccionario-, o: Veamos holísticamente al país .

De protagonista, sin tener méritos para recibir este calificativo -tanto como si yo quisiera que me llamaran ingeniero sin siquiera saber hacer mezcla-, a antagonista. ¿Contra quién?, ya se sabe, contra el de siempre, esto es, contra ese ente inasible y multiforme que llamamos gobierno y del cual todos formamos parte, aunque sea nada más como contribuyentes.

De tranquilo poeta en su refugio de Cuernavaca a activista, esto es, a agitador político; de padre dolorido por el asesinato de su hijo a faro dirigido a objetivos concretos que abren paso a los grupos anti, que medran amparados por dizque reivindicaciones sociales; de literato a dirigente de masas, transformación instantánea que Granados Chapa califica de metamorfosis luminosa .

De intelectual y maestro a individuo que exige aumento salarial de emergencia (por urgencia), que rechaza la reforma laboral (¿sabrá de qué se trata?) y pide educación superior obligatoria y ya no más alumnos rechazados.

Desde luego, también juicio político al Presidente y a otros altos funcionarios. Y un batidillo de ora sí de compañeros de viaje: desde Emilio Álvarez Icaza y el obispo Raúl Vera, que extrañaban los reflectores, hasta el mismísimo Sindicato Mexicano de Electricistas.

De la seriedad del escritor a los títulos rimbombantes característicos de los movimientos sociales que sólo mueven alborotadores: Ruta del dolor, Caravana del consuelo, Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, entre otras.

¿Qué se siente, don Javier, pasar del anonimato a las primeras planas de los periódicos? Bonito, ¿verdad?

Así pues, ya tenemos Subco II, pero sin capucha y sin pipa.

¡Por Dios, ya no más redentores protagónicos! Más tarde o más temprano, pero siempre, se apagan solos.

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