El modelo de comunicación política en materia electoral que impide contratar propaganda en radio y televisión y asigna, a cambio, tiempos del Estado para que partidos y candidaturas expongan sus ofertas, ha tenido discusiones diversas desde su aprobación en el 2007.

Hace unas semanas dimos cuenta en estas páginas de que existen posturas que consideran que el número de promocionales políticos es muy alto, que hay una spotización y otras que asumen como efecto de esos promocionales electorales una supuesta saturación de audiencias, lo que a su juicio aleja de las urnas a la ciudadanía en vez de acercarla.

Lo cierto es que el modelo de comunicación, desde su implementación y hasta ahora, no ha significado alejar a la ciudadanía de las urnas, porque si nos atenemos a los resultados de las elecciones federales que lo han aplicado en el 2009, 2012 y 2015, la participación ciudadana se ha incrementado en los tres casos, no ha disminuido frente a las contiendas previas en las que no existía el esquema vigente.

Creo que para reflexionar sobre ajustes a las reglas de acceso a radio y televisión en materia electoral, es un error partir de la idea de que hay una spotización que satura y aleja ciudadanos de las urnas por su número de impactos, porque las cifras que registran los sufragios no arrojan tal alejamiento, mientras que la discusión sobre el formato corto de mensajes que no pasan de 30 segundos se ha soslayado y ahí veo que es necesario analizar si es propicio un spot para exponer ofertas políticas a la ciudadanía, o si es o no adecuado seguir con un esquema de transmisión que distribuye esos promocionales por cada hora de transmisión en cualquier tipo de emisora, sin importar si dichos mensajes que llaman a votar se ven en horarios infantiles donde se programan caricaturas que no tienen como audiencia a personas mayores de edad con derecho a voto.

No existe evidencia en las urnas de una saturación de tiempo o de que una persona pueda sintonizar simultáneamente las 2,850 señales de radio y televisión que hay en el país para spotizarse , pero es un hecho que el formato corto y la rigidez de su distribución no permite profundidad en los mensajes ni focalizar esfuerzos en las audiencias correctas. Conforme a la experiencia se advierte más la necesidad de un formato menos corto y con mejor distribución en los horarios por emisora que una disminución de tiempo parejo para cada señal como la opción que puede significar un mejor modelo.

Hoy el Artículo 41 de la Constitución nos dice que existen 48 minutos en cada señal de radio y televisión para difundir mensajes electorales cuando se celebran comicios, y ése es un primer límite o margen para utilizar tiempos electorales en cada emisora.

Hoy se divide entre partidos ese tiempo en mensajes de 30 segundos aunque podrían ser de uno y hasta dos minutos pero seguiría siendo poco tiempo unitario de espacios oficiales para debates cortos o para profundizar en propuestas de gobierno o de representación legislativa.

También nos dice el artículo 165 de la Legipe que no pueden pautarse por cada hora de transmisión más de 3 minutos, lo que tiene una racionalidad en su origen, que consistía en garantizar que todos los partidos tuvieran acceso a todos los horarios y audiencias, pero eso evidentemente no permite focalizar mensajes para votantes y desperdicia muchos promocionales en audiencias distintas a las que votan.

El formato unitario de los spots es rígido en horarios y muy corto en tiempo, pero en las últimas semanas los primeros balances del modelo de comunicación no han puesto demasiado acento en ello, como sí lo han hecho en considerar que si bajamos los minutos de transmisión se puede mejorar la calidad del debate.

En otras palabras, no hay suficientes elementos que nos permitan concluir que lo que debe reducirse es el tiempo para mejorar el modelo, pero sí hay argumentos para llegar a un primer consenso con respecto a que el formato corto y rígido no favorece debates ni la exposición de propuestas con amplitud.

*Consejero electoral del INE

Twitter:@MarcoBanos