Sufrir una pandemia con el peor gobierno ha resultado una realidad cada día más mortal, más dolorosa, más injusta. Escuchar a un cínico con todo el poder pero nula empatía ni sentido humano decir que “no nos ha ido tan mal” cuando millones de familias sufren el peor momento de sus vidas, resulta por demás indigno y lacerante.

El dolor tiene rostros, nombres y apellidos. Los héroes tienen un cara y son miles y miles en todo el sector salud, aunque la mayoría permanezcan anónimos. Son más de 2,500 personas, personal de salud y enfemería, que han muerto. Muchos por falta de equipo, de apoyo, tratando de salvar la vida de otros con recursos limitados. Pero eso al gobierno no le importa, son simplemente “cifras”.

Al dolor que acompañan las pérdidas humanas hay que sumar la desesperación de quienes han perdido su empleo, de emprendedores cuyos proyectos se han venido abajo, comerciantes y empresarios cuyos negocios están quebrando o ya cerraron dejando a miles sin ingreso; el miedo por la inseguridad creciente, por ser la próxima víctima de un despido o de un asalto. La preocupación por no tener un medio de transporte seguro para desplazarse porque ahora que 6 líneas del metro dejaron de funcionar en Ciudad de México, el riesgo de contagio se multiplica aún más.

Pero para un gobierno miserable que prefiere gastar en un estadio de béisbol que comprar medicamentos, en obras faraónicas destinadas al fracaso en lugar de ayudar a miles de familias en la quiebra, es evidente que todo esto les vino “como anillo al dedo”. A ellos lo único que les importa son las “cifras”, seguir “ahorrando” aunque eso implique dejar morir, con tal de comprar votos para ganar elecciones al precio que sea. No importan las personas, importa su voto, muchos votos, una cifra suficientemente grande para ganar y mantenerse en el poder.

La indiferencia ante el dolor hace que éste se multiplique pues no sólo es sufrir pérdidas sino padecer la injusticia, el abandono; el sentimiento de estar en un barco que se hunde y donde cada quien empieza a pensar cómo salvarse a sí mismo. Porque nos hemos mal acostumbrado hace muchos años a escuchar cuántos mexicanos mueren por distinta causas pero siempre nos quedamos con que son “cifras”, sí, números que van a la alza pero al fin y al cabo “cifras”.

Hasta que el dolor nos alcanza, hasta que se vuelve más cercano, invade la propia familia, a los amigos. El egoísmo nos ha cegado para reconocer que, detrás de cada “número” hay una persona, una familia, una historia, sueños truncados. La pandemia nos quiere dar muchas lecciones, aún estamos a tiempo para aprenderlas. Somos personas, no cifras.

Lo que te afecta a ti, me afecta a mí, si te ayudo y te va mejor, a mí también me va mejor. Cuidándome te cuido y cuidándote me cuido, sólo así podemos aspirar a estar mejor. El camino hacia la recuperación será largo. Primero seguir salvando vidas, evitar que el sistema de salud colapse y después resucitarlo, la recuperación económica y restaurar el tejido social.

Este año tenemos la oportunidad de unirnos y dar un primer golpe con nuestro voto, después habrá que hacer mucho más para acabar con esta pesadilla que nos ve y trata como cifras y no como personas. No caigamos en el error de convertirnos en lo que criticamos. Es hora de reconocer la dignidad de cada persona alrededor y darnos la mano para recuperar la salud y rescatar nuestro gran país.

*El autor es Presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

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