Como hace muchos años no lo veíamos, hoy existe en la Cámara de Diputados una mayoría totalmente subordinada al presidente de la República. Tardamos más de 80 años, después del Constituyente de 1917, para tener una Cámara de Diputados en 1997 en donde el partido en la Presidencia no contaba con mayoría, que por primera vez tenía la capacidad, no sólo de legislar y aprobar el presupuesto público en forma independiente, sino también de fiscalizar el gasto del gobierno.

Esos tiempos se han ido y hoy, como lo dice el líder de la mayoría de Morena, Mario Delgado, la fracción de ese partido es “la bancada del presidente”. No la bancada que defienda los intereses de los ciudadanos o de sus estados, sino la bancada que tiene como única misión aprobar, sin modificaciones, todas las iniciativas que envíe el presidente López Obrador.

“La bancada del presidente” me recuerda cuando fui diputado por primera vez en 1988, en donde el presidente Salinas exigía de la bancada del PRI, de la cual yo formaba parte, una disciplina incondicional similar a la que exige López Obrador a sus diputados y senadores. Decía que bastante dificultad le representaba negociar con la oposición como para también tener que negociar con los diputados priistas. Yo siempre me opuse a esa disciplina y acabé enfrentado con el presidente y el resto de los diputados del PRI, y saliéndome años después de ese partido.

Hoy al asumirse los diputados de Morena como “la bancada del presidente”, se ha perdido la autonomía del poder Legislativo y como consecuencia la división de poderes, y la Cámara de Diputados ha vuelto a ser sólo una oficialía de partes del poder Ejecutivo, como lo fue durante 80 años.

Lo que hemos visto en la aprobación del presupuesto y ahora con la desaparición de los fideicomisos, es una vergüenza para los diputados que, en lugar de representar a sus estados y a la población, han agachado la cabeza para aprobar cualquier locura que les mande el presidente. Da pena ver a diputados que durante muchos años defendieron la autonomía del poder Legislativo, convertidos hoy en mascotas del presidente.

Si a esto le sumamos un gabinete totalmente sumiso a López Obrador, incapaz de oponerse a sus locuras, los riesgos por la exagerada concentración del poder en manos del presidente son muy grandes. Es especialmente preocupante la sumisión de los secretarios de Defensa y Marina a los caprichos presidenciales.

Esta concentración del poder en manos del presidente es, como lo hemos visto en las últimas semanas, una seria amenaza a nuestra Constitución, a nuestras leyes, al federalismo, a la independencia del poder Judicial y a la división de poderes, que es la esencia de una democracia.

Por eso es tan importante la elección del próximo año, porque lo que está en juego a la hora de votar es la división de poderes y el federalismo en nuestra aún joven democracia.

Si Morena vuelve a tener mayoría en la Cámara de Diputados y gana la mayoría de las 15 gubernaturas en juego, veremos una concentración del poder como no se había visto probablemente desde el gobierno de Salinas y por lo tanto un gran retroceso en nuestro proceso de democratización nacional.

Demetrio Sodi

Político mexicano

Desde la cancha

Ciudadano interesado en las soluciones para el país y la Ciudad de México. Político mexicano, ha sido diputado federal (1988-1991), senador (2000-2006) y jefe delegacional de Miguel Hidalgo (2009-2012).