El infantilismo ha llegado al poder.

Las viñetas del Charlie Hebdo son leídas por extremistas del islam como si el semanario satírico fuera un libro sagrado. Francia es un estado laico y entre sus cimientos republicanos se encuentra la libertad de expresión.

“Solo en la muerte puede lo vivo conciliarse con la nostalgia”, escribe Philippe Lançon, sobreviviente del brutal ataque en contra de los periodistas del semanario Charlie Hebdó el 7 de enero de 2015. En su libro El Colgajo (Anagrama, 2019), Lançon describe el infierno que vivió gracias a el acto siniestro que un grupo de fanáticos ejecutó contra un grupo de profesionales del periodismo.

“No siento rabia por los hermanos K (los asesinos), sé que son producto de este mundo, pero me resulta simple y llanamente imposible encontrar una explicación”, describe Lançon.

Es imposible dejar de leer su descripción sobre la muerte en vida que vivió la mañana del 7 de enero. “El único infierno que existe: aquel en el que ya no se vive”.

El presidente turco, pero sobre todo sultán, Recep Tayyip Erdogan ha decidido azuzar al islamismo radical para declararle una guerra cultural al presidente Macron, incluyendo por supuesto un boicot comercial a los productos franceses. El pataleo de Erdogan viene de meses atrás, desde que el presidente Macron decidió defender a Grecia de los instintos concupiscentes del turco en su intento de explorar aguas del Mediterráneo. Ahora, Erdogan actúa sin disfraz, es decir, como un porro.

Ningún presidente de América Latina ha expresado su apoyo a Emmanuel Macron; un silencio revelador sobre la ausencia de empatía diplomática y sobre el riesgo de un etnocentrismo recargado donde la política exterior se encuentra hibernando.

La decapitación del profesor de secundaria Samuel Paty es una agresión a los derechos universales, y como tal, los países civilizados deberían condenar el acto. La realidad es otra. Los gobiernos de López Obrador, Bolsonaro o de Trump carecen de un perfil internacionalista y solidario.

Samuel Paty fue asesinado el viernes 10 de octubre a la salida del colegio Bois-d’Aunle, en Conflans-Sainte-Honorine, un municipio a las afueras de París, después de haber deseado a sus alumnos unas buenas vacaciones. El profesor de Geografía e Historia enseñaba a sus alumnos un ejercicio de libertad de expresión a través de las viñetas de Charlie Hebdo.

El padre de uno de los alumnos exhibió sus críticas al profesor en redes sociales y el odio contagió a Abdoullakh Anzorov, un joven que sintió los llamados de Alá para ajustar cuentas con el profesor. Del fanatismo se viaja a la realidad a través de la ficción. Anzorov pensó que su acto terminaría con la libertad de expresión y la laicidad fracesas. Equivocación total. Con su acto asesino logró unir a la oposición con el gobierno de Macron. Algo difícil de lograr en estos días.

El gobierno de Erdogan mordió el anzuelo y aprovechó la tragedia para meter su dedo en la llaga. El sultán Erdogan es correponsable del odio que corre en el mundo del radicalismo musulmán.

El odio a la libertad, igualdad y fraternidad no es exclusivo al radicalismo del Islam, también lo promueven presidentes de varias partes del mundo. Lo hemos visto con Trump durante los últimos cuatro años. Lo vemos con Bolsonaro. Lo vemos con Evo Morales, un falso demócrata que desatendió el imperativo social de no volverse a presentar en una elección presidencial.

Durante las últimas horas se han visto manifestaciones en varios países musulmanes en contra del presidente francés por las acciones que ha tomado en contra de los líderes de la mezquita que promocionaba el odio en contra del profesor Samuel Paty. El sultán Erdogan promueve un boicot contra productos franceses como si atendiera los llamados de Alá.

Macron merece todo el apoyo de la comunidad civilizada del mundo.

fausto.pretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.