El ganar un torneo grande puede significar un ?impulso de alrededor de 0.7% del PIB, de acuerdo ?con el banco holandés ABN AMRO.

Algunos piensan que el futbol es un asunto de vida o muerte. Me parece absurda esa actitud: les puedo asegurar que es mucho más importante que eso , solía decir Bill Shankly, el legendario entrenador de Liverpool.

¿Más importante que la vida o la muerte? Parece una exageración. Sólo por llevarles la contraria, les pido que consideren las cifras de audiencia televisiva: 150 millones de espectadores, en promedio, por partido. El encuentro España-Italia provocó 15,000 tweets por segundo, récord mundial. No hay un nacimiento o funeral que despierte tanto interés.

Polonia invirtió 25,000 millones de euros en mejorar su infraestructura para albergar esta competencia. A cambio, tendrá un retorno equivalente a 2.3% de su PIB, en un periodo que va del 2010 al 2020. Habrá una mejora en los ingresos turísticos y un incremento en su capacidad de atracción de negocios.

Ucrania es algo más pequeña que Polonia. Su inversión para coorganizar el evento fue de 11,000 millones de euros. Los beneficios de largo plazo no tienen un cálculo tan preciso como el polaco, pero estiman en 1,500 millones de euros la derrama que dejaron los turistas que asistieron a la competencia.

Polonia y Ucrania perdieron en la primera ronda en la cancha. Por eso, ninguno de los dos puede considerarse el gran ganador de la Eurocopa. Este honor pertenece, obviamente, a España. Su triunfo 4-0 en la final del torneo le permitió acumular una ganancia de 23 millones de euros de premios de la UEFA, como ya lo publicó El Economista.

Vayamos un paso más allá de lo obvio. La mayor repercusión del campeonato rebasa a los jugadores y la Selección. Está en la macroeconomía española. El ganar un torneo grande puede significar un impulso de alrededor de 0.7% del PIB, de acuerdo con el banco holandés ABN AMRO, autor del estudio Soccernomics . Un triunfo hace creer que las cosas están mejor de lo que están. Una gran derrota tiene el efecto contrario.

La expansión momentánea del PIB del ganador está relacionada con la euforia que se produce entre la población. En el corto plazo, hay un aumento en el consumo en restaurantes, cafés y bares. Un movimiento adicional relacionado con la compra de souvenirs futboleros y también un pico en el consumo de servicios de telecomunicaciones.

Otra cara de esta moneda es la revaloración de la marca país. Los triunfos y las derrotas deportivas tienen un enorme impacto en la forma en que la gente de un país se ve a sí misma. España ha estado asociada últimamente con malas noticias económicas. El triunfo permite a esta nación tener otro tipo de visualización. Alguien podrá argumentar que eso ya ocurría con las hazañas de Barcelona o Real Madrid, pero hay un matiz. La estrella de Barca es un argentino y en los merengues es un portugués. Una gran parte de la gloria de esos clubes se derrama a los países de sus divos.

Italia es el gran perdedor. Si la competencia hubiera terminado el jueves, luego de su victoria ante Alemania, el desempeño de la Squadra azzurra habría tenido un efecto positivo en el ánimo de la población italiana. Hubiera producido la ilusión de que Italia puede sobreponerse a los dictados económicos de Alemania, aunque sea en una cancha de futbol. La derrota estrepitosa termina el sueño. El futbol es más importante que la vida y la muerte, pero no da para tanto.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx