La deuda de los estados y municipios se ha convertido en un muy serio problema. El factor que ha encendido los focos rojos es el crecimiento de esos pasivos. Según el Secretario de Hacienda, hace apenas tres años el saldo de esa deuda ascendía a 1.5% del PIB y ahora equivale a 3 por ciento. La tendencia es claramente insostenible.

El problema de la deuda de estados y municipios es ineludible y para confrontarlo han surgido dos posturas antagónicas. Por un lado, no hace mucho el senador Raúl Morón pidió en el pleno de esa Cámara que el gobierno federal absorba el total de la duda pública de los estados. Al parecer, sin hacer referencia a la propuesta de Morón, recientemente el secretario Videgaray declaró que el gobierno federal no rescatará a estados y municipios sobreendeudados. Independientemente de las personas que hicieron esos pronunciamientos, claramente hay detrás de ellos dos corrientes de pensamiento distintas. Por un lado, está la del realismo económico, que considera que los recursos fiscales son escasos y que el presupuesto público no alcanza para todo. Por otro lado, en una concepción populista del mundo la administración pública se concibe como una fiesta permanente que puede continuar indefinidamente a cargo del financiamiento bancario. Total, cuando estalle la crisis ahí estará papá gobierno para pagar los platos rotos.

El senador Morón dijo que debe castigarse a todos los gobernadores y funcionarios estatales y municipales que se enriquecieron con los endeudamientos. Efectivamente así debe procederse, pero no como la contrapartida al rescate estatal, que es lo que parece sugerir dicho legislador. El secretario Videgaray anunció que para solucionar el problema de la deuda se ha propuesto la expedición de una ley de responsabilidad hacendaria para entidades federativas que permitía revertir la tendencia creciente de los pasivos y poner orden en las finanzas de las entidades.

Existe claramente un paralelismo entre el precipicio fiscal en EU y el sobreendeudamiento en México de Coahuila, Jalisco, Veracruz y otros. En todos ellos -igual que en Grecia, España y Portugal- se tiene sólo una fórmula efectiva y verdadera para resolver el problema de las deudas: elevar los ingresos y reducir los gastos. A esa fórmula tendrá que llevar inexorablemente la aludida ley.

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