Es un hecho que el crecimiento urbano sobre tierras agrícolas tendrá una influencia negativa sobre la disponibilidad actual de agua para riego y, por consiguiente, disminuirá la superficie bajo riego en los próximos 10 años. Pese a este escenario, el volumen y el valor de la producción agrícola deben sostenerse para mantener el abasto de alimentos y el desarrollo económico en el medio rural de nuestro país.

Por lo anterior, es evidente que el precio de los derechos de agua tendrá una tendencia alcista, obligando a los agricultores a ser muy eficientes en el uso de este recurso. Es decir, lograr la mayor rentabilidad por el gasto implícito en los riegos.

En este sentido, existen tres factores que determinan la rentabilidad del agua de riego. Éstos son: el valor del cultivo, la eficiencia de la forma de aplicación del riego y la fuente del agua.

Entre más alto es el valor del cultivo, menor es la proporción del gasto aplicado al agua y riegos. Es por eso que, en los cultivos de flores de corte para exportación, plantas de ornato, hortalizas y frutales, el costo de los riegos es proporcionalmente menor al resto de los costos y gastos de producción y, así, la rentabilidad por metro cúbico aplicado es mayor que en otros cultivos, como, por ejemplo, los granos básicos y los forrajes.

La forma en que se hacen los riegos influye en la cantidad y eficiencia del aprovechamiento del agua aplicada y otros insumos.

Así, los sistemas presurizados de fertirriego por goteo son más efectivos en hacer llegar el agua, nutrientes y otros agroquímicos a los cultivos que los sistemas de riego por gravedad.

Por consiguiente, el fertirriego es más rentable por metro cúbico aplicado, aun considerando la inversión realizada en equipos de bombeo, filtrado y mezcla de fertilizantes.

Finalmente, la fuente del agua para riego implica costos de extracción, conducción y aplicación. En este sentido, aparentemente, el agua de gravedad proveniente de presas y ríos es más barata que la obtenida de pozos profundos por bombeo.

Sin embargo, como se mencionó al principio de este artículo, el precio del agua continuará revalorándose en la medida en que sea más escasa y se cotice el impacto social y ambiental que conllevan las obras de gran infraestructura hidráulica y la contaminación que se genera por el uso agrícola.

En próximas ediciones de esta columna, analizaremos el aspecto cuantitativo de los tres factores enunciados aquí sobre la rentabilidad del agua en usos agrícolas.

*Mario Alberto Lamas Nolasco es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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