Cada semana nos llegan noticias sobre la cantidad de datos que muchas empresas recolectan de sus usuarios. Dependiendo del perfil de la empresa, éstos van desde hábitos de navegación en Internet hasta información logística de los lugares geográficos que se visitan con cierta frecuencia. Todo para ir edificando un perfil que pueda ser monetizado por las empresas a través de publicidad focalizada a aquellos usuarios con más alta probabilidad de estar interesados en los productos o servicios que están siendo ofrecidos.

Todo lo anterior lleva años de existencia y la única diferencia entre los datos recopilados ahora y aquellos de hace una década es la eficiencia con la que lo hacen las empresas. También es cierto que en ese periodo de tiempo se ha ido cementando una tendencia por parte de las diferentes redes sociales de ir limitando cada vez más aquellas cosas que su usuario puede mantener como privadas en el portal, aunque no así para quien provee el servicio. Por ejemplo, colocar el número de teléfono celular y la fecha de cumpleaños en Facebook de forma oculta no impide que esa página venda publicidad que tenga como objetivo individuos de tu edad que vivan en las zonas que habitúas visitar (según lo que reporta el teléfono móvil). Otro aspecto muy llamativo de todas estas empresas con activos mayoritariamente digitales es su gran valoración en las distintas bolsas financieras en las que cotizan. Esto contrasta grandemente con el doloroso presente de más de un proveedor de servicios de telecomunicaciones con red propia. Los fierros utilizados para ver películas, chismear la página del amor platónico y recordarle los ancestros al político de turno, se encuentran en la batalla constante de poder obtener ese sagrado retorno de inversión que hace viable la oferta de servicios.

Dolor mayor en aquellos operadores regionales, históricamente pequeños, que carecen de gran poder financiero para poder hacer fuertes inversiones en infraestructura o desarrollo de contenidos. De no cambiar la situación, sólo es cuestión de tiempo para que estos operadores vayan desapareciendo, ya sea engullido por un operador más grande o en el peor de los casos cerrando las puertas y dejando a la deriva a sus usuarios.

Obviamente estamos hablando de un escenario extremo que no conviene a nadie, pero aparte del operador de telecomunicaciones que deja de existir y el usuario hay una tercera víctima: los portales de la nueva economía que fueron erosionando los ingresos de los prestadores de servicios. Es por esta razón que es cuestión de tiempo, tal vez de luego de alguno que otro cambio regulatorio, para que esas empresas digitales comiencen a asegurarse un lugar entre los cables y antenas como parte de su estrategia de crecimiento. Un crecimiento que más allá del mundo del acceso, convertirse en proveedores de telecomunicaciones permitiría a las grandes empresas recolectoras de datos poder complementar la información obtenida a través del uso de sus aplicaciones con la que se obtendría del consumo de datos del cliente independientemente de su localización. Un modelo donde el operador de telecomunicaciones también accede a ser parte integral de un mundo donde la publicidad es parte esencial de los ingresos.

Obviamente es un escenario hipotético en el que las normas aprobadas por los funcionarios públicos electos al poder legislativo deberían incrementar los derechos de los ciudadanos a proteger su privacidad. También es un escenario donde muchas marcas que ahora parecen inamovibles en el mundo de las telecomunicaciones irán desapareciendo.

Al final de cuentas estamos hablando de negocios donde las economías de red, la inversión en tecnología y la expansión de activos digitales son elementos esenciales para retener y atraer nuevos clientes.

George Orwell se equivocó. Nos encaminamos a una realidad donde en lugar de un gran hermano, hay muchos.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.