Transparencia Mexicana (TM) arrancó el año pidiendo “sistemas, no zares” anticorrupción. Se estaba adelantando a las tentaciones electorales que vienen. Para la lógica de un candidato, siempre va a ser más atractivo hablar en términos partisanos y tajantes —enjuiciar, encarcelar, erradicar— que objetivos e institucionales.

Hasta ahora, la estrategia de TM y sus aliados parece estar siendo exitosa. Se habla, en general, de justicia y no de revancha. De fiscales e investigaciones independientes más que de encarcelamientos seguros.

El sector energético y sus organizaciones, que no han logrado encarrilar tan bien la conversación en su propio espacio, deberían tomar nota. En energía, las declaraciones de los candidatos suenan más como las de hombres fuertes, autoritarios o populistas, que como las de aspirantes a la Presidencia en una democracia con una economía de mercado.

Prometer detener las rondas, revisar / cambiar los contratos petroleros, construir nuevas refinerías y poner fin a las importaciones de gasolinas —como López Obrador lo ha hecho— es quizás el ejemplo más claro. Pero las propuestas de bajar, fijar, o igualar (respecto de otras latitudes) los precios de cualquier energético tampoco suenan a economía moderna, de mercado.

Claro que se podría argumentar que la propuesta específica de igualar los precios de las gasolinas en la zona fronteriza con las de Estados Unidos es vía IEPS —que los impuestos se van a recalibrar sólo una vez y después se va a dejar actuar a las fuerzas de mercado. Pero que los términos elegidos por Anaya al plantear esta idea ignoren el mecanismo y ofrezcan burdamente la reducción de precio es bastante revelador.

También es significativo que Zavala, Meade y Anaya estén evitando el tema de exploración y producción. Esta industria representa varios puntos del PIB e inversiones potenciales por varios cientos de miles de millones de dólares. Es hogar de la empresa más grande y emblemática del país. Pero, hasta ahora, las plataformas de política pública de los tres prácticamente lo ignoran. Desde su precandidatura, los tres sólo lo han abordado reactivamente. También suena más a la arbitrariedad de zar que a la transparencia u objetividad de un sistema.

En electricidad y renovables, todos han propuesto apoyo e inversiones: generalidades. Si es vía CFE o subastas —vía zar o sistema— es incierto. Pero la puerta para hacer promesas grandilocuentes o populistas sigue más que abierta.

No los culpo. En campaña, suena mejor conjugar en primera persona que hablar de optimizar procesos e instituciones impersonales por medio de parámetros públicos y objetivos, como lo haría una institución. Desafortunadamente, además, las mejores ideas de política pública muy pocas veces son vistas como simples de entender y de comunicar. Como resultado, aun candidatos que le entienden bien a lo energético le sacan la vuelta a la propuesta sustantiva y se conforman con frases e ideas ya muy aceptadas y desgastadas.

Esto nos regresa al tema de la transparencia. ¿Por qué las campanas para gobernadores pidieron encarcelamientos (zares, en el mejor de los casos) mientras que muchas de las campañas presidenciales piden instituciones (sistemas)?

Podríamos pensar que es por virtud y voluntad propia de los candidatos. O por la “seriedad” que el adjetivo presidencial podría agregar a una campaña. Pero ninguna es una respuesta satisfactoria.

Más bien hay que considerar las ideas, activismo y campañas de ONG y líderes de opinión. Suena más razonable pensar que el entorno que ellos crearon ha ido orillando a los candidatos a hablar de sistemas, instituciones, leyes, pesos y contrapesos.

En energía, en contraste, muchas de las ideas han permanecido incuestionadas, sin acotar. Parece que aquí se seguiría tolerando que se designe a un zar.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell