En un contexto de recuperación económica todavía incierto para la mayoría de los países, con ajustes monetarios en puerta, todas las economías requerirán cantidades importantes de recursos para anclar su crecimiento. Lograrlo de forma sólida dependerá de que fuentes de financiamiento sean colocadas bajo estrictos mecanismos prudenciales. Si bien la salida del estancamiento producto del SARS-CoV-2 necesita recursos financieros de forma rápida y abundante, no pueden entregarse bajo los parámetros que dieron origen a la crisis financiera del 2008. En efecto, aquel episodio tuvo acciones y políticas poco prudentes como tasas de interés escandalosamente bajas que luego fueron en financiar mercados hipotecarios sin rigor en la originación de los créditos para su posterior traslado a otros mercados. Actualmente no podemos precisar si aquella actitud poco responsable ha desaparecido por el sólo hecho del Covid. Al contrario, la necesidad de colocar fuertes sumas de recursos lo más pronto posible, presume muchas más posibilidades de repetir errores del pasado que de no volverlos a cometer. Los riesgos se mantienen todavía latentes, adicionalmente se suma la urgencia por acelerar el crecimiento tras un año perdido con un entorno de recuperación notoriamente disparejo, agregándose la sombra de la inflación. Los ingredientes están dados para configurar quebrantos bancarios, crisis en los mercados o bien riesgos sistémicos. En estos momentos no sabemos si los sistemas financieros global y locales, estén preparados para quiebras bancarias en cualquier escala o, para la falta de tolerancia de los mercados de deuda y capitales a quebrantos de grandes empresas o, bien, para la propagación de riesgos entre sectores.

A lo anterior se agrega el reto que comenzarán a afrontar las entidades financieras para desarrollar modelos de negocio cuya base esté cimentada en la protección al medio ambiente. Es claro que el mundo ha iniciado la transformación de las estructuras económicas y de consumo para orientar la vida hacia el cuidado de los recursos naturales y la calidad del aire. Todo será orientado hacia proyectos verdes por encima de cualquier otro que no tenga impacto directo en lo ecológico. No obstante, niveles altos de rentabilidad no son inmediatos pues será hasta el mediano y largo plazo cuando se alcance. En este sentido habrá alerta obligando al sistema a disminuir sus márgenes de utilidad en el corto tiempo. El cambio climático presupone acciones que implican riesgo financiero inmediato a cambio de minimizar el riesgo ecológico. No es un dilema menor que, además, requiere adecuaciones profundas en el manejo y mitigación de riesgos de crédito en todos los segmentos financieros. A los retos inmediatos —ajuste monetario global, antecedentes vigentes del 2008 y necesidad de abundantes recursos— y, la llegada del reto verde, se adiciona el acelerado surgimiento de las llamadas tecnofinanzas representadas por las criptomonedas, fintech y ciberseguridad. Estamos entonces ante al menos tres pilares de riesgos a los que serán sometidas las instituciones financieras que, por administrar recursos de terceros, deberán enfrentarlos con altos estándares prudenciales y una ética a toda prueba.

Carlos Alberto Martinez Castillo

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho y Filosofía

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, la Presidencia de la República y en Washington, DC. Autor de libros en historia económica, regulación financiera, política monetaria, economía y ética.

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