Los desastres naturales han dejado de ser un hecho marginal para la economía y son cada vez más importantes por su impacto financiero.

Tratándose de sismos, Cemex tiene una perspectiva muy diferente a la mayoría. A esta empresa los temblores no le afectan negativamente, sino todo lo contrario. Sus títulos acumularon ganancias de 3.8% en la Bolsa Mexicana de Valores hasta las 12:55 de la tarde, cuando el mercado suspendió operaciones a causa del sismo de 7.8 grados. En Nueva York, los títulos de la cementera cerraron con un incremento de 1.3 por ciento.

La oscilación en el precio accionario de la empresa regiomontana ocurrió en tiempo real. Los inversionistas en Wall Street apostaron con fuerza por Cemex cuando surgieron las primeras versiones del temblor. En un momento llegaron a registrar un avance de 2.2%, ante la expectativa de que habría fuertes daños y, por tanto, buenas oportunidades de negocio para una empresa líder en el segmento de los materiales de construcción. Las plusvalías se redujeron en la medida en que el flujo de noticias confirmó daños moderados en la capital mexicana y relativamente bajos en la zona cercana al epicentro.

El caso de las acciones de Cemex no es una curiosidad ni un hecho aislado. Los desastres naturales han dejado de ser un hecho marginal para la economía y son cada vez más importantes por su impacto en la actividad. A una maquinaria económica que crece en sofisticación e integración internacional le afectan con mayor fuerza hechos que antes podrían ser considerados locales o regionales, como dejó claro el tsunami del año pasado. No es una casualidad que afectara más al sector automotor, que es la rama industrial más globalizada. Los aseguradores, por su parte, se enfrentan a nuevos paradigmas. El número de catástrofes crece aritméticamente, pero su costo lo hace de forma exponencial. Entre 1999 y el 2008, la suma de todas las catástrofes naturales del mundo tuvo un costo de 108,000 millones de dólares, un poco más de 10,000 millones de dólares por año, en promedio. En el año 2010 sus costos llegaron a 210,000 millones de dólares y, para el 2011, la cifra había ascendido a 350,000 millones de dólares, de acuerdo con la reaseguradora Swiss Re. Quizá el récord del 2011 dure unos años en ser roto, pero no volverán los tiempos de 10,000 millones anuales en promedio.

Los terremotos siguen siendo los desastres más caros, pero los hechos relacionados con el desorden climático van ganando importancia. Las inundaciones y sequías compiten por las primeras planas y los presupuestos de reparación de daños. Uno de los costos más importantes asociados a los desastres naturales tiene que ver con la migración masiva de personas.

Desastre es una palabra de origen griego que significa mala estrella. Algunos brujos y adivinos se ganan la vida pronosticando dónde y cuándo ocurrirá el próximo. Más allá de las ciencias ocultas, ha surgido una rama de la economía que trata de aprehender esta faceta, Catastrophe economics. Su reto es explicar una catástrofe en términos económicos: ganadores, perdedores, costos, consecuencias y alternativas.

Ayer las acciones de Cemex se movieron mucho. Hoy tendrán la lupa encima, lo mismo que otras firmas de la construcción y la industria aseguradora. Su comportamiento bursátil será una de las piezas del rompecabezas que nos permitirá responder: ¿cuánto costó el sismo de ayer? Por lo pronto, Segob dice que hay 250 edificios dañados en el DF.

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