Existe una tensión permanente entre lo que debe ser y lo que realmente es. El 2014 no puede ser el año de expectativas; debe ser de realidades, de ejecución y de resultados.

Durante el 2013, la prioridad del gobierno estuvo en lo legislativo, en pasar las reformas sí o sí, negociando lo que fuera necesario y manteniendo el Pacto por México a toda costa. Con cada reforma, escuchamos todo tipo de promesas sobre los beneficios que traerán a un país que durante casi dos décadas ha buscado cambios estructurales sin mayor éxito.

Es verdad que se dio un paso importante y necesario, pues el paquete de reformas resultó muy ambicioso. El primer logro ha sido sentar las bases. Sin embargo, están pendientes las leyes secundarias de las que dependerá el éxito.

El optimismo de la opinión pública internacional contrasta con el escepticismo de muchos mexicanos sobre los cambios y beneficios que el gobierno ha prometido con estas reformas. Muchos ya no creen, porque durante muchos años y de muchas formas se ha mentido y prometido algo que nunca llega.

¿Qué hará que esta vez la historia sea distinta, ?en caso de que pueda serlo? Lo primero que hay que reconocer es que no habrá cambios inmediatos. Los economistas no se atreven a hacer predicciones sobre el impacto concreto de cada reforma en el crecimiento económico, pues aún hay muchos cabos sueltos. Hasta no tener la legislación secundaria aprobada y en marcha, será difícil saber.

Una vez que suceda, la pregunta es: ¿qué tan capaz será el gobierno federal y los gobiernos locales para ejecutar estos cambios? Aquí es muy probable que nos detengamos, pues otra tarea pendiente es profesionalizar el servicio público, sobre todo, a nivel local.

Tomando en cuenta estas posibilidades y sin dar estimaciones puntuales, economistas consideran que las reformas tendrán un impacto mínimo en el crecimiento de los años inmediatos. Probablemente, la inercia de EU y el reacomodo interno de otras variables tengan mayor influencia. A todo esto hay que agregar la condición más importante de todas: la seguridad. Si el gobierno no es eficaz ejecutando una política de seguridad que dé resultados pronto, la violencia opacará todas las reformas. Como ha dicho Carlos Elizondo: Si el gobierno no resuelve rápido el problema, toda la retórica de las reformas no va a servir de nada .

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