Dado el incumplimiento del supuesto fundamental —que la pandemia se superaría pronto— la reacción de las autoridades ha sido prácticamente nula...

Frente a la crisis, el horizonte de previsión del gobierno de la Cuarta Transformación se apoyó en un supuesto que ahora se nos aparece como demasiado optimista: que la pandemia por el Covid-19 pasaría pronto y que a partir de ese momento la recuperación de la economía se daría de manera rápida en una forma de V.

En lugar de superarse de manera rápida, en México, la pandemia por el Covid-19 se ha profundizado de manera alarmante. Y toda vez que a los ojos de las autoridades la reanimación de la actividad económica tendría como precondición la superación de la pandemia, el país se encuentra literalmente en el peor de los mundos posibles: sumido en una severa crisis de salud pública y con su economía postrada en una recesión profunda.

Los datos de la crisis por la pandemia son particularmente impresionantes. En el país, cada 20 minutos fallece un compatriota por Covid-19 y tres personas se contagian cada minuto. Es decir, la curva de contagio se encuentra muy lejos de haberse “aplanado” y, al ritmo que llevamos, en dos meses el país podría llegar a 1 millón de contagios.

En cuanto al estancamiento de la economía, las cifras que se van conociendo confirman un panorama de profunda gravedad. A manera de ejemplo, el Instituto Mexicano del Seguro Social reportó apenas el lunes de esta semana que en el periodo de marzo a junio del presente año más de 1 millón de trabajadores perdieron sus empleos, la mayoría de ellos permanentes.

Y dado el incumplimiento del supuesto fundamental —en cuanto a que la pandemia se superaría pronto— la reacción de las autoridades ha sido prácticamente nula. O más bien, se ha dado únicamente en el orden retórico. En lo relativo al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, el presidente Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa diciendo que se ha desatado “una campaña en su contra”. Pero en cuanto a reconocer que la pandemia se ha intensificado y que podría ser necesario un cambio de estrategia para su combate, ni una palabra. Y exactamente lo mismo puede decirse para el frente de posibles acciones de política económica anticíclica orientadas a contrarrestar los efectos de la crisis sobre las personas que han perdido su empleo o sobre las empresas pequeñas y medianas que se encuentran cerca de tener que suspender operaciones. Es de suma gravedad que el gobierno siga en la pasividad contemplativa.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico