Las escenas han sido desgarradoras: elementos de la Guardia Nacional (GN) reprimiendo con fuerza brutal y gases pimienta a los centroamericanos de las caravanas que buscan penetrar por la frontera sur de México para proseguir su camino hacia Estados Unidos; mujeres y niños ultrajados y humillados por la GN, convertida en vigilante fronteriza cuando su finalidad es combatir la inseguridad y el crimen organizado. Esta crisis pone de manifiesto que no hay una estrategia definida para atender este problema migratorio. Lo único que hay son acciones reactivas para satisfacer los designios de Trump de que México contenga a como dé lugar la migración centroamericana hacia Estados Unidos, bajo la amenaza de imponer aranceles a nuestras exportaciones. El gobierno ni siquiera ha definido a los actores institucionales que deben ser los responsables, pues hoy la obligación se ha diluido entre las secretarías de Gobernación, de Relaciones Exteriores y de Seguridad Pública.

La migración siempre ha sido un tema importante en la relación bilateral con Estados Unidos. Antes de la llegada de Trump al poder, inclusive con Obama, que regresó a territorio nacional un número récord de mexicanos ilegales, se dieron entendimientos implícitos según el ciclo económico. Por ejemplo, en épocas de cosechas agrícolas, ese entendimiento toleraba una inmigración temporal a Estados Unidos, aunque luego las cambiantes circunstancias hicieron que muchos optaran por quedarse. Pero con Trump el tema se convirtió en uno meramente político y no económico.

Lo ideal es que México estructure una política migratoria regional e integral que busque un acuerdo Estados Unidos-México-Centroamérica. Se deben atender todos los aspectos del fenómeno: emigración y retorno al norte e inmigración en el sur con el consecuente tránsito de centroamericanos por el territorio nacional. La reciente caravana, que mayoritariamente incluye hondureños, viene huyendo desesperadamente de una situación de violencia, pobreza, inseguridad y de lo que ya se ha catalogado como un narcoestado. Nuestro gobierno debe entender que no están interesados en quedarse en nuestro país. Su meta es llegar, como sea, a Estados Unidos.

Las crisis de las caravanas del sur han evidenciado que los recursos y la capacidad operativa de México para atender, ordenar y regular la migración está rebasada. Asimismo, el crimen organizado se ha aprovechado del tránsito de centroamericanos para extorsionarlos o reclutarlos con amenazas.

Urge que México busque con los países centroamericanos y con Estados Unidos un arreglo migratorio regional integral con acciones concretas que ataquen los principales factores de expulsión en Honduras y El Salvador. Habría que poner sobre la mesa temas como seguridad, inversiones específicas para crear empleos, educación y derechos humanos. Si México quiere evitar un caos migratorio y una crisis humanitaria inmanejables, habrá que priorizar una política migratoria en un marco de respeto a los derechos humanos.

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