El desplome de nuestros ídolos nos ha dejado literalmente en la orfandad frente a los enigmas del futuro. ¿A quién tratar de emular ahora?

La solución al enigma puede, en efecto, no ser tan complicada: ¿Por qué no estudiar y tratar de emular a quienes sí han tenido mucho éxito?

En México, hemos deambulado por décadas con la brújula de la historia mundial desorientada. El actual gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación apenas ha podido disimular su identificación con el régimen populista en Venezuela de la Revolución Bolivariana. Ello, a pesar del fracaso económico que ha provocado en ese país hermano de América Latina el experimento chavista del supuesto “socialismo del siglo XXI”.

Cuando el dictadorzuelo Evo Morales estaba a punto de caer en la cárcel en su natal Bolivia, se le envió para su rescate un avión de la Fuerza Aérea de México. Evidentemente, ese acto de aventura latinoamericana no se incluyó entre los conceptos de la austeridad republicana de la que tanto presume el régimen de la 4T. ¿Cuánto habrá costado en pesos y centavos presupuestales el rescate aerotransportado de Evo?

Por años, la izquierda local se ha desgastado en elogios y evocaciones del esquema de economía estatizada que se implantó en Cuba a partir del triunfo revolucionario de Fidel. Pero el sol de la realidad histórica no puede taparse con un dedo, aun si este dedo es el de la poderosa ideología que ensalza a la lucha de clases y al materialismo histórico. Al momento actual, ya nadie en su sano juicio se atreve a invocar al régimen revolucionario cubano como ejemplo a emular por algún otro país.

Pero dicho lo anterior, el desplome de nuestros ídolos de antaño nos ha dejado literalmente en la orfandad frente a los enigmas del futuro. Sin embargo, en realidad esa orfandad es tan solo aparente o mas bien producto de una gran miopía analítica o de falta de imaginación. La solución al enigma puede en efecto no ser tan complicada: ¿Por qué no estudiar y tratar de emular a quienes sí han tenido mucho éxito? Tengo en particular en la mente al caso de Corea del Sur.

En el año de 1960, ese pequeño país de Asia tenía un PIB per cápita de la mitad del de México. Hoy, a poco más de medio siglo, nos superan los coreanos por varias veces. ¿Cómo le hicieron para lograr la hazaña en tan poco tiempo? ¿Cuáles han sido las estrategias y las políticas económicas que se han dictado desde Seúl para conseguir esos resultados tan estupendos y admirables? ¿Cómo ha sido el papel que las políticas educativas han jugado en tan exitoso ejemplo? Es momento de empezar a ilustrarnos.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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