Desde hace casi cuatro ciclos mundialistas, México ha trabajado en la formación de estrategias serias y consistentes que generan en el graderío expectaciones fundadas de éxito, pero que al final, ya a la hora buena, se quedan en eso, en simples expectativas. El cíclico fracaso se lo imputamos, en algunas ocasiones a errores de la ofensiva y, en otras, a la habilidad del adversario para detener todos los envíos que le llegan.

Mientras esto sucede en México, observamos que en otras latitudes avanzan y sortean los obstáculos que aquí se topan con el clásico ya merito . Tal es el caso de los ingleses. En el Reino Unido se dieron cuenta, aún a tiempo, de que los fracasos de años pasados no podían volver a repetirse. Tras armar con muchas dificultades un equipo en el que confluyen jugadores de muy distintas ligas, decidieron una estrategia, impopular sin duda, pero que augura mejores resultados para el presente inmediato y para el futuro. Y no nos referimos, obviamente, a la desdibujada línea ofensiva que sucumbió frente a los teutones en la Copa Mundial de Sudáfrica, sino al paquete de reformas fiscales anunciada por el nuevo gobierno británico.

Tras una elección inédita, el Parlamento británico liderado por una coalición de conservadores y liberales demócratas logró en unas cuantas semanas lo que aquí nos ha resultado –hasta ahora- inimaginable: que las distintas fuerzas políticas consensen un programa de gobierno con un rumbo único en materia de finanzas públicas.

El paquete de medidas fiscales (consultable en: direct.gov.uk) que fue presentado por el recientemente nombrado Ministro del Tesoro Británico, el conservador George Osborne, tiene como misión principal la de reducir el déficit estructural de 10.1 a 1.1% del PIB en los próximos cinco años. El paquete incluye un aumento importante de impuestos, pero de manera fundamental también una reducción del gasto presupuestal por 31,000 millones de libras (620,000 millones de pesos).

Entre las medidas tributarias anunciadas destacan el aumento de 2.5 puntos a la tasa del IVA para quedar en 20% a partir del año entrante y el aumento del impuesto a las ganancias de capital de 18 a 28% para ingresos superiores a las 10,100 libras (200,000 pesos). El incremento del IVA estima recaudar 260,000 millones de pesos anuales.

Otros ajustes implican el recorte a los gastos de los ministerios del gabinete en 25% en cuatro ejercicios, la reducción de subvenciones fiscales por casi 220,000 millones de pesos, incrementar la edad de jubilación de 65 a 66 años y congelar por dos años los sueldos de altos funcionarios y la asignación presupuestal a la Reina.

En el ISR, se desgravan a los ingresos más bajos para cerca de 1 millón de británicos y se reduce gradualmente la tasa corporativa para quedar en 24% en el 2014. La combinación de estas medidas reúne responsablemente las agendas liberales y conservadoras. El sacrificio patrimonial toca severamente a la población británica –sin duda- pero de igual modo al gasto del gobierno y de sus funcionarios.

Este paquete contrasta con lo aprobado por nuestro Congreso el año pasado, al incrementar diversos impuestos (ISR, IVA e IDE), pero oponerse a una reducción del presupuesto de egresos. El gasto aprobado por nuestros diputados para el 2010, descontando inflación, es mayor que el aprobado para el 2009. Los recortes sufridos en varios rubros del gasto implicaron en realidad asignaciones en favor de otros renglones, pero no una disminución efectiva del presupuesto. Ello, probablemente previendo un importante año electoral.

El resultado de las recientes elecciones del Reino Unido que lidera el primer ministro, David Cameron, conformó un Parlamento sin una clara mayoría para nadie, que obligó a liberales y conservadores (incluyendo a extremistas de ambos bandos) a ponerse de acuerdo, a conformar un pacto que incluyera las propuestas de las diferentes ofertas políticas y a echarlo para adelante.

Ése es el mapa político y de gobierno que resultó del voto británico.

Es necesario que nuestros partidos políticos pasen de la etapa de las alianzas o coaliciones meramente electorales como las presenciadas el domingo pasado, a las alianzas para formular planes de gobierno. No puede el Congreso oponerse sistemáticamente a todo lo que le envía el Poder Ejecutivo. Es hora de lograr acuerdos para revertir el diagnóstico de Javier Aguirre sobre nuestro país. No dejemos pasar otro ciclo mundialista.