Es triste, pero en México muchas leyes que afectan la comodidad de determinados sectores son combatidas con cabildeos, amparos o de plano, con su violación impune.

En el terreno legislativo por ejemplo, la Cámara de Diputados aprobó por una aplastante mayoría modificaciones a la Ley del Seguro Social, para que se homologaran las cuotas obrero-patronales con las reglas de cálculo del Impuesto Sobre la Renta.

Los argumentos esgrimidos por la dirección de ese instituto eran tan lógicos y contundentes que no había manera de impedir su tránsito legislativo. Hasta que llegó el cabildeo y se frenó todo en el Senado. Hoy es una iniciativa congelada y escondida en los sótanos de la cámara revisora.

De los amparos, ni hablar. En el Poder Judicial se han frenado modificaciones complejas, buenas y malas, propuestas por el Ejecutivo y aprobadas por el Legislativo.

El cabildeo y el amparo son instrumentos legales de los que desafortunadamente se ha abusado en este país. El dominio de la ilegalidad es tan claro que simplemente se brincan las leyes.

Estamos en momentos muy importantes de la vida legislativa de este país y destacan por supuesto las leyes reglamentarias de los cambios constitucionales del año pasado. La madre de todas las leyes secundarias es la energética, pero los reglamentos complementarios del sector telecomunicaciones también tienen un enorme peso.

En materia energética hay pocos afectados, porque las empresas del sector pertenecen al Estado y ahí hemos visto que los que se oponen simplemente pierden la chamba. Los opositores dogmáticos y rupturistas tienen tan pocos argumentos que seguro quedarán en el terreno anecdótico.

Pero en las telecomunicaciones, la historia es otra. Ahí tienen los mejores cabilderos, tanto en los pasillos del Congreso como en sus medios de comunicación. En materia judicial, a veces parece que tienen más abogados que ingenieros y son los campeones de la presentación de amparos.

Y hemos visto cómo hay empresarios en las telecomunicaciones que cuando la ley les estorba simplemente se la brincan y se defienden con todo el poder del que son capaces.

Por eso, ahora que la Cámara de Diputados aprobó la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario con 354 votos en favor, hay que poner mucha atención a la furibunda reacción de los que son afectados en sus intereses.

La ley parece altamente conveniente para un sector de la transportación que evidentemente ha sido subutilizado y que no ha acompañado el desarrollo industrial de México en los tiempos del Tratado de Libre Comercio.

La Asociación Mexicana de Ferrocarriles puede argumentar muchas cosas, puede aportar muchas cifras, pero la realidad imponía un cambio urgente en las reglas del juego monopólico del transporte ferroviario.

Viene ahora el trabajo de la cámara revisora, o sea de los senadores. Probadamente propensos a tolerar y aceptar el cabildeo, estos legisladores podrían frenar, congelar, desmadrar el cauce legislativo de este cambio.

Y si así sucede, ¿qué no podría pasar con los reglamentos en materia de telecomunicaciones, con empresas mucho más poderosas que las ferroviarias?

Parte de la impunidad que ataca a este país incluye el anonimato de los legisladores que frenan de manera arbitraria cualquier cantidad de iniciativas sin ninguna explicación de por medio.

Los ferrocarrileros y su cabildeo nos regalan la oportunidad de monitorear el comportamiento del Congreso en la antesala de la madre de todas las batallas legislativas de la temporada. ¡Gracias!