El presidente de Estados Unidos acaba de decir que un ciudadano privado debe ser encarcelado. Y creo que la reacción de muchos de nosotros fue: ‘bueno, ésa es otra de sus cosas’. Esto no es normal. Esto no está bien. Existe el peligro de que nos hagamos inmunes a esto y no notemos las amenazas a nuestras normas”, James Comey.

No somos pocos los que advertimos desde hace tres años que Trump le haría mucho daño a Estados Unidos si ganaba la presidencia, anticipamos sus locuras, ocurrencias, filias y fobias.

Hoy el tiempo nos ha dado la razón, tampoco se necesitaba mucho, bastaba con analizar su historia.

Algo similar sucede con López Obrador, no me interesa compararlos, no tiene caso, porque Estados Unidos tiene un sistema de justicia y de contrapesos del que México carece -tarde o temprano Trump tendrá sus consecuencias- y porque nuestro esquema presidencialista hace que se acomoden los intereses más disímbolos que hacen del presidente en turno una especie de monarca.

Países sudamericanos como Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Ecuador y, desde luego, Venezuela han sufrido las consecuencias de los gobiernos populistas que prometieron un cambio que nunca llegó y, por el contrario, generaron más problemas de los que tenían esas naciones.

Por las ocurrencias de Trump, Estados Unidos enfrenta serios retos de una depresión, porque la reforma fiscal del año pasado amenaza con agravar las finanzas públicas. Por extraño que parezca, regalar dinero produce más pobres, no genera riqueza.

Además del combate a la corrupción y la inseguridad, México tiene problemas como las pensiones, el sistema de salud, la deuda pública y privada, entre otros, que requieren de acciones que rebasan las capacidades de López Obrador, su equipo y proyecto de gobierno.

Si sólo se tratara de la corrupción y la inseguridad, sería suficiente para descalificarlo; como jefe de Gobierno algunos de sus más cercanos se corrompieron y la inseguridad alcanzó altos niveles.

Hace mucho que no escuchaba tantas y tan peregrinas razones a favor de un candidato, la más: “no podemos estar peor”, pues se equivocan, así pensaban los venezolanos.

Aplaudir y hasta promover ocurrencias absurdas como vender el avión presidencial, quitar la pensión a los expresidentes o irse a vivir a Palacio Nacional son propias de ignorantes que no saben el lugar que ocupa México en el mundo ni conocen la diferencia entre valor y precio.

México es un país de jóvenes y las soluciones no pueden venir de una persona que se ancló en el pasado, que piensa como anciano y actúa como anciano.

Seguramente en la elección habrá un voto utilitario, como ocurrió en el 2006, cuando miles de priistas prefirieron no poner en riesgo a México. La elección la resolverán quienes no se han enajenado.

Las reflexiones de Carlos Slim dan para mucho más que el tema del aeropuerto de la Ciudad de México; advierten que los caminos son: un futuro prometedor para estos millones de jóvenes o el freno de un país que, con sus defectos y virtudes, ha ido avanzando en los últimos 30 años.

El modelo de los 70 fue un desastre económico y social; quienes lo sobrevivimos recordamos ataques, como el Halconazo del Jueves de Corpus a la libertad de expresión o asesinatos como el de Eugenio Garza Sada.

Nunca como en la próxima elección tendrá valor aquello de que elegir es renunciar.

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.