La paraestatal mexicana tiene el dudoso honor de ser la empresa petrolera que más impuestos paga en el mundo: $876,000 millones en el 2011.

La existencia de universos paralelos es un hecho cierto para la física moderna. En uno de esos universos, Pemex tiene posibilidades reales de hacer una reforma fiscal que le permita bajar el pago de impuestos. En esa realidad paralela es posible también incorporar inversión privada a gran escala para fortalecer la mayor empresa de México.

En el universo que habitamos no hay un gran margen de maniobra para la paraestatal. Pemex tiene el dudoso honor de ser la empresa petrolera que más impuestos paga en todo el mundo.

En el 2011 fueron 876,000 millones de pesos, entre impuestos, derechos y aprovechamientos, casi 60% de sus ingresos totales. La inversión privada existe, pero en dosis homeopáticas.

En vez de mecanismos transparentes de participación privada, como podría ser la cotización en la Bolsa, tenemos soluciones rebuscadas para dar la vuelta a un marco legal que está diseñado para obstaculizar la entrada del capital privado.

En otros universos, Pemex tendría posibilidades de convertirse en una de las mejores empresas energéticas del mundo. En nuestro mundo, aquí y ahora Pemex es una empresa que tuvo pérdidas por 91,500 millones de pesos en el 2011, a pesar de que los precios internacionales del petróleo promediaron 100.9 dólares para la mezcla mexicana, mientras que el costo de producción es menor a 10 dólares por barril en promedio.

Tenemos que hacer algo con Pemex. Las recomendaciones más frecuentes son quítenle presión fiscal y diseñen un mecanismo para abrir la participación del sector privado. No me detendré en ellas.

Son obvias y necesarias, pero imposibles por el momento. La primera requiere una reforma fiscal. La segunda, cambios constitucionales. Perdonen mi escepticismo, pero eso no está en el radar A menos que ustedes confíen en la retórica de los políticos.

Miremos a Petrobras, otra vez. Hay algo que podemos copiar de ellos que no requiere grandes acuerdos políticos ni un rediseño de nuestra autodestructiva política fiscal. Me refiero a su estrategia de capital humano.

Para entrar a Petrobras es necesario pasar por un concurso público, que garantiza un mínimo de calidad en el recurso humano. Una vez que alguien logró ingresar, debe cursar 15 meses en la Universidad Petrobras, de tiempo completo. Ahí estudiará los factores que explican los éxitos y fracasos de la compañía y se relacionará con personal de todas las áreas de la firma.

El cambio de la estrategia de capital humano en Pemex podría comenzar por el personal de confianza. En la medida en que demostrara sus ventajas, podría incorporar al sindicato. Su implementación sería sencilla, comparada con la reforma fiscal o la entrada de capital privado.

Su impacto se dejaría sentir, en el corto plazo, en un mejor uso de las soluciones tecnológicas y en un manejo más eficiente de los proyectos de ingeniería.

El tema ha sido estudiado a profundidad por Francisco Flores y Aldo Musacchio, académicos mexicanos que trabajan en las universidades de Pennsylvania y Harvard, respectivamente.

Pemex es la novena petrolera del mundo. La primera empresa de México y la número 49 del planeta, de acuerdo con el ranking de las 500 de Fortune. En uno de los universos paralelos es un motivo de orgullo para todos los mexicanos.

En el universo que habitamos es un gran problema para el que todavía no hallamos la constelación de soluciones.

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