La historia que voy a contar tiene tres protagonistas: los taxistas de España, los taxistas de México y el gigante chino de las búsquedas por internet, Baidu. Esta historia podría incluir a taxistas de Francia, Corea del Sur, India y algunos estados de Estados Unidos, que se han manifestado en contra de los servicios de Uber. Pero se concentra en tres, porque los tres coincidieron en la misma cancha de la economía digital en la misma semana.

Mientras España suspendía el servicio de Uber y los taxistas mexicanos denunciaban a la aplicación digital frente a la justicia, Baidu destinó 600 millones de dólares a esa red para fortalecer sus operaciones y su modelo de negocio. Baidu ayudó a que esa red social, que permite a los dueños de autos particulares prestar un servicio de transporte público, tipo taxi, sin necesidad de licencia pública, alcanzara una capitalización de 3,300 millones de dólares.

A través de Uber se puede ofrecer a los usuarios una certeza de servicio y seguridad basada en la reputación del conductor, documentada en esa y otras redes sociales, frente a una certificación otorgada por un burócrata o un sindicato gremial. Y no se necesita efectivo: a través de la aplicación se puede pagar con métodos bancarios, como una tarjeta de débito o de crédito.

Uber es un estandarte de la economía colaborativa, o share economy, al lado de Airbnb, el servicio que permite a cualquier persona ofrecer una habitación en alquiler a partir de su reputación social.

Con la inversión de Baidu, Uber sumó otro inversionista reputado, entre los que se encuentran Google Ventures, Jeff Bezzos (el fundador de Amazon y dueño de The Washington Post) y el banco de inversión Goldman Sachs. Y sucedió mientras en España se suspendía el servicio y en México se presentaba una denuncia, básicamente por prácticas ilegales para la prestación del servicio de transporte público.

En pocas palabras, los taxistas tradicionales, acreditados por la administración pública (sin registro de acceso público, que permita seguimiento, evaluación y control por conductor) se enfrentan a los nuevos taxistas avalados por la economía social (con internet y el big data de por medio), sin registro ni licencia y que operan sólo a partir de su reputación pública en redes sociales por internet (un dato: por lo menos 95% de los usuarios de internet de México usa Facebook).

Recupero una cita sin cita de una nota de El País: Todo va a seguir igual. El mercado lo hacen los usuarios, que siguen aumentando. Les gusta el servicio y la manera en la que funciona, no solo el hecho de que sea más barato . Y así lo creo.

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