No hay un día, ni uno solo, que la prensa del país no incluya una nota relacionada con el uso abusivo que los servidores públicos hacen del dinero de los contribuyentes.

La nota más reciente de este uso abusivo del dinero público la dan los 33 asambleístas del PRD en el Distrito Federal, quienes recibieron, cada uno, 765 mil pesos por concepto de apoyo al trabajo legislativo por los meses de diciembre de 2013 y enero de este año. El apoyo legislativo que se llevó cada perredista es equivalente a 31 años y medio de un trabajador que perciba un salario mínimo.

Por razones semejantes los diputados de Jalisco han estado bajo el escrutinio y la picota pública en los últimos años. El caso más reciente de abuso de dinero público por parte de los legisladores jaliscienses, fue el uso absurdo que daban al dinero recibido para sufragar las casas de enlace . Cada uno de los 39 diputados de Jalisco tenía una bolsa mensual de 93 mil pesos (un millón 115 mil pesos al año), de los cuales solamente dos legisladores rechazaron su uso. El escandalo estalló al conocerse en detalle los gastos que hacían con esos recursos: chicles, plátanos, zapatos, rastrillos, bubulubus, tampones, entre otras minucias que cargaban a las costillas de los contribuyentes jaliscienses.

Un par de meses antes, la nota sobre el uso abusivo de los recursos públicos se la llevaron los integrantes de la selecta cúspide de alta burocracia mexicana, al conocerse los altos aguinaldos que recibieron. A la cabeza de ese selecto listado aparecía el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, con un aguinaldo de 886 mil pesos, equivalente a 37 años de un trabajador con salario mínimo.

Basta echarse un clavado a los sueldos del presidente del país, los magistrados de todos los tribunales, los consejeros de todos los órganos autónomos, los senadores, diputados federales, secretarios y altos puestos de la burocracia federal; de los gobernadores, legisladores locales y regidores de los gobiernos municipales para concluir que en México se pagan sueldos desproporcionados no solo con lo que perciben la gran mayoría de asalariados y trabajadores por cuenta propia, sino que estos sueldos están muy por encima de sus pares de América Latina y del mundo.

Hace once años di cuenta de que el entonces gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, tenía un sueldo más alto que el primer ministro británico Tony Blair y que el presidente del gobierno español José María Aznar. Lamentablemente esta práctica persiste.

Los sueldos y prebendas de la alta burocracia del país están consumiendo y dilapidando la riqueza que a los mexicanos nos cuesta mucho trabajo producir. Los servicios personales del gobierno federal están consumiendo 30 por ciento del gasto programable, y de entre este universo destacan 152 mil integrantes de la alta burocracia que se llevan 135 mil millones de pesos anuales, con sueldos de entre medio millón y tres millones y medio al año. La alta burocracia se está sirviendo con la cuchara grande, mientras que a la mayoría de los mexicanos se les condena a una política de contención salarial, pago de más impuestos y aumento de precios.

Estamos en el peor de los mundos posibles, pues nos cobran impuestos de primer mundo para contar con servicios de tercera, mientras que los altos burócratas viven mejor que aristócratas europeos.

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@rmartinmar