Se nota un cambio de sentimiento en los mercados financieros desde que hace un par de semanas el gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, prometió: Hacer lo que sea necesario para salvar al euro, agregando que esto será suficiente . De inmediato lo apoyaron los líderes de las tres principales economías de la eurozona: Mario Monti de Italia, el francés Françoise Hollande y, sorprendentemente, la alemana Angela Merkel. Todo indica que Draghi tiene apoyo mayoritario en la Junta de Gobierno del BCE, pero enfrenta la decidida y tenaz oposición de Jens Weidmann, poderoso gobernador del Bundesbank.

De nuevo, el jueves, un genérico anuncio de política monetaria del BCE decepcionó a los mercados: no redujeron la tasa de interés de política, que sigue demasiado elevada en 0.75%, no fijaron una tasa de interés negativa para la facilidad de depósitos de la banca comercial y, sobre todo, se abstuvieron de lanzar un programa inmediato de compra de bonos soberanos. Sin embargo, pronto quedó claro cuál es la nueva estrategia. El BCE esperará a que España y quizá Italia obtengan ayuda financiera directamente del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) mediante la suscripción de un acuerdo de condiciones macroeconómicas al estilo de los programas de estabilización del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sujeto a esta condición, el FEEF comprará bonos soberanos en las subastas primarias. Al mismo tiempo, el BCE lanzará un programa de compra, quizás ilimitado, de bonos soberanos, con el objetivo de reparar el mecanismo de transmisión de la política monetaria. Draghi anticipó que el BCE comprará bonos soberanos con vencimientos de cuatro años. La política monetaria de la eurozona no funciona apropiadamente, parece un sistema de tipo de cambios fijos que pudiera revertirse en cualquier momento. El FMI ha calculado que aproximadamente 200 puntos base de las tasas de interés de España e Italia es una prima de riesgo de divisas asociada al colapso del euro. La nueva estrategia del BCE busca restablecer la credibilidad en la irreversibilidad del euro mediante el nuevo programa de compra de bonos soberanos.

A todo esto se apondrá Weidmann. La política monetaria no es el problema, la crisis de la eurozona la produce la falta de coherencia de la política monetaria común con las políticas fiscales y de estabilidad financiera de los países miembros. El BCE, que se creó a imagen del Bundesbank, tiene un solo objetivo: la estabilidad de precios, y debe permanecer a toda costa independiente de las decisiones políticas. Sobreestiman el poder de la política monetaria quienes piensan que puede utilizarse también para promover el crecimiento, reducir el desempleo y estabilizar el sistema financiero. En un enfoque coherente, las medidas de corto plazo no deben obstaculizar el objetivo de estabilidad de precios de largo plazo. La estrategia para superar la crisis son las reformas estructurales en el contexto de la estabilidad de precios. Los programas de compra de deuda invaden el terreno de la política fiscal y suprimen la disciplina en los mercados de crédito soberano, promoviendo el comportamiento irresponsable de los gobiernos y la llamada dominancia fiscal, en donde la política monetaria se pone al servicio del gobierno.

Me parece que el Bundesbank confunde la situación actual de la eurozona con la estanflación de los 70, la situación actual se asemeja más a la Gran Depresión del siglo pasado, generada por un déficit generalizado de demanda provocada por la corrección de la burbuja global de crédito, la consolidación fiscal y la falta de competitividad en los países de la periferia.

rfeliz@eleconomista.com.mx