Aunque muchos indicadores de actividad podrán registrar tasas de expansión después de las severas caídas, no hay que perder de vista que lo que cuenta es el nivel y que las tasas son engañosas.

Es notoria la dispersión que existe entre los pronósticos de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) de México para 2021. Aunque las estimaciones están bajo constante revisión, hoy, en la parte más baja de la distribución de las expectativas, se encuentran los economistas que señalan 3% (Bank of America y Credit Suisse), 3.5% (Santander y HSBC) y 3.8% Finamex. Luego vienen varios pronósticos entre 4% y 5% como, por ejemplo, Barclays, Scotia, BBVA y Citibanamex. Finalmente, los que rebasan 5% son: Banorte (5.3%), y JP Morgan y UBS con 5.6 por ciento. Dentro de las instituciones oficiales, el Banco de México pronostica 4.8% mientras que la Secretaría de Hacienda espera 4.6 por ciento.

¿Es demasiado optimista y son cuentas alegres esperar una expansión de la economía de por ejemplo 5.6%? Veamos. Primero, hay que señalar que lo típico después de un año de recesión es un rebote del crecimiento, es decir, el tan señalado patrón de recuperación en “V”. Generalmente son rebotes que se acercan a recuperar o compensar lo perdido. Por ejemplo, la contracción del PIB en las tres fuertes recesiones previas a la de 2020 fue: -14% (1932), -6.3% (1995) y -5.3% (2009). El PIB rebotó vigorosamente en los siguientes dos años posteriores a la caída: +9.9% y +9.7% en 1933 y 1934, +6.8% en ambos años 1996 y 1997, y +5.1% y +3.7% en 2010 y 2011. Así qué basado en esa regularidad del ciclo económico post recesión, en 2021 el PIB debería rebotar a una tasa cercana al 8 por ciento.

A pesar de que muchos indicadores de actividad podrán registrar tasas de expansión muy importantes después de las severas caídas, no hay que perder de vista que lo que cuenta es el nivel y que las tasas son engañosas. Véase este simple ejemplo: supongamos que la producción de autos antes de la recesión eran 100 unidades. La contracción hace que la producción caiga a 10 unidades, es decir una caída de 90 por ciento. Al año siguiente se producen 20 autos, con lo que el crecimiento es de 100%, pero estamos aún 80 unidades por debajo del nivel pre crisis. Este simplificado comportamiento es lo que se dará en muchos sectores. Así que un crecimiento de 5.6% en el año sería francamente mediocre. Los políticos deberán tener presente esta aritmética antes de festinar una tasa del Producto Interno Bruto que inclusive sea del 6 por ciento. Además, el mensaje es muy claro: no hay que confundir un rebote “natural” con una mejora estructural de la actividad económica. Nada se ha hecho sobre esto último al seguir inhibiéndose la inversión y el respeto al estado de derecho. Para crecer cerca de 8% no es suficiente apostar sólo a la recuperación estadounidense y que ello nos vaya a impulsar.

En otro tema, no puedo dejar de comentar mi preocupación con la acción absurda de que ahora habrá geolocalización de las operaciones bancarias con dispositivos móviles. Es una intromisión a la privacidad que en poco ayuda a combatir el lavado. Además, queda la desconfianza de que todos esos datos personales quedarán en una base de datos potencialmente accesible al crimen organizado.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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