Como no hay una implicación económica, las instituciones no ven afectado el negocio y como consecuencia no les interesa. Una sanción en la Liga MX apenas afecta 6% de ingresos de taquilla.

El día en que el racismo afecte sustancialmente la economía de los clubes, probablemente los empresarios empezarán a preocuparse realmente del tema. Ahora realizar actos de discriminación por color, raza o preferencias sexuales no representa al esquema del negocio un alto impacto en el balompié internacional y nacional.

Juventus es el actual bicampeón de Italia, el más fuerte y probablemente sus fans son los más racistas del Calcio. Pero hasta ahora ningún patrocinador se ha retirado de la institución por ese motivo y no lo hará porque por el momento tampoco le ha afectado que los hinchas de la Vecchia Signiora hagan sonidos de simios desde la tribuna. La legislación sobre el tema no es nueva, pero las sanciones son blandas. Lo mismo ocurre en México.

El Reglamento de Sanciones 2013-14 de la Liga MX habla sobre el racismo en su apartado Apéndice III-Discriminación. Da a conocer castigos económicos y también se refiere a la posibilidad de descender a un equipo en caso de que sus fanáticos incurran tres veces en este tipo de comportamiento.

Pero dos cosas: no han castigado a nadie severamente en el futbol mexicano por este asunto y la multa no supera los 376,000 pesos. Así que el racismo queda por ahora en un tema más de conciencia y educación para los clubes y sus aficionados, lo que penosamente se traduce en que no queda en nada, porque ninguno de los dos toma tan en serio el problema.

En los últimos ocho años se han documentado seis actos racistas en las canchas durante partidos de la Liga MX. Tres de ellos originados por las barras de Pumas, una más por los fans de Torreón y en otro par ocasionados por los propios jugadores. Además de algunos cuantos más en la Liga de Ascenso.

En caso de que la afición de Pumas fuera culpable de los hechos que se presentaron el sábado pasado en la cancha de León (Panzas Verdes piensa apelar la decisión de la Comisión Disciplinaria que no castigará), el conjunto de la Universidad sería multado por 376,824 pesos, además de que su próximo partido como local debe ser a puerta cerrada y significaría no ingresar 4.3 millones de pesos. Hacerles sonidos de chango y simio a Arizala y Loboa se traduce en apenas 6% de sus ingresos anuales por venta de boletos.

Pero la taquilla no es en la mayoría de los casos el principal sustento financiero de los clubes en México (las dos excepciones son Tigres y Monterrey), en primer sitio están los derechos de televisión y luego los sponsors.

El daño en imagen para los clubes -como tristemente pasa en el futbol mexicano- siempre tiene el mejor remedio con el paso del tiempo y el olvido. Así que ningún equipo que realice un acto racista será penado para siempre y su economía apenas se verá afectada.

Así que no sólo se necesita una campaña de educación a los integrantes del futbol profesional, sino sanciones más severas que dañen considerablemente las finanzas de las instituciones para que éstas a su vez presionen a sus barras a respetar al rival. Es increíble hasta dónde hay que llegar, dañar el bolsillo para respetar; eso de por sí ya es un pena.

Pero no es que México sea un problema único, lo es en todo el mundo. Por ejemplo, en la UEFA las sanciones por cometer un acto racista son de 870,000 pesos (48,000 euros), lo que significa 0.01% de sus ingresos anuales de Juventus. Un regaño para sus chicos malos en la grada y listo. De las 54 naciones que integran la UEFA (organismo rector del futbol europeo), en 35 se ha documentado que se han realizado actos racistas.

Los jugadores de raza negra, que son los que más insultos reciben en una cancha de juego deben hacer algo para defender su dignidad. Un sonido más de simio y deben irse de la cancha. Así como lo hizo Samuel Eto’o, Roberto Carlos. Exhibir que ocurre es otra manera de afectar el negocio.