Llegamos a septiembre sin respuestas concretas ?y aún muchas preguntas sobre el rumbo de la economía.

Lo más probable es que la Fed anuncie un nuevo programa de inyección de liquidez moderada.

Con el feriado de ayer en Estados Unidos, concluye oficialmente el periodo veraniego de los mercados, que normalmente se caracteriza por una disminución notable en los volúmenes de operación y un cierto desinterés y apatía por parte de los inversionistas.

En contraste con otros veranos, este periodo compuesto por los meses de junio, julio y agosto vio un alza importante en los niveles de los principales índices bursátiles del mundo.

Esto, a pesar de señales muy encontradas en cuanto al rumbo de la economía; más bien predominaron las malas noticias. En buena medida, el fuerte rally de los últimos tres meses se ha dado bajo la esperanza de que los principales bancos centrales del mundo (la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco Central de China y el Banco Central de Japón) están por implementar una nueva serie de medidas de estímulo para contrarrestar la reciente debilidad en la actividad económica.

Así llegamos a septiembre, cuatro años después del comienzo formal de la crisis, sin respuestas concretas y aún muchas preguntas sobre el rumbo de la economía global. Este septiembre vuelve a ser decisivo para las expectativas del mercado. El BCE, la Fed, el Banco Central de China y el Banco Central de Japón tienen fechas críticas en las que el mercado anticipa anuncios concretos de política monetaria que puedan seguir dando oxígeno al rally.

Por un lado, después de la intervención de Ben Bernanke en el simposio de Jackson Hole, el mercado está convencido que la Fed extenderá un año más su promesa de mantener las tasas de referencia en los niveles mínimos actuales hasta finales del 2015.

Asimismo, la mayoría de los inversionistas ha descontado una tercera ronda de inyecciones de liquidez (un QE3 por Quantitative Easing) que será destinada a la compra de bonos del Tesoro de largo plazo y bonos respaldados por hipotecas. El debate está principalmente centrado en el tamaño de dicho programa.

Aunque lo más probable es que la Fed anuncie un nuevo programa de inyecciones de liquidez de magnitudes moderadas en su reunión del 13 de septiembre, tampoco hay que descartar la posibilidad de que decida esperar hasta su reunión de noviembre para hacer este anuncio como lo hizo en el 2010. El debate en el seno del Comité de Mercado Abierto de la Fed podría ser mucho más incierto de lo que el mercado está anticipando.

Septiembre también representa un mes crítico para Europa, ya que el calendario está lleno de eventos que podrían ser decisivos para el futuro del euro.

Por un lado, el mercado espera que, en su reunión del 6 de septiembre, el Banco Central Europeo anuncie medidas concretas que respalden las declaraciones de su presidente, Mario Draghi, en las que comprometió al BCE a hacer todo lo que sea necesario para garantizar la permanencia del euro como moneda común.

Adicionalmente, durante septiembre se llevará a cabo el voto constitucional en Alemania, donde se debe aprobar o rechazar la legalidad del Mecanismo Europeo de Estabilización, instrumento clave en la salvación de Europa.

Asimismo, la Unión Europea debe presentar sus planes para establecer la unión bancaria europea, paso crucial para lograr la salvación del sistema bancario europeo. No menos importantes son las elecciones parlamentarias en Holanda, donde JP Morgan estima que los partidos con sentimientos antieuropeos podrían duplicar su número de escaños en el Parlamento holandés.

Todos estos eventos podrían tener resultados que serían muy adversos para el plan de acción elaborado hasta ahora para salvar a la eurozona.

Como hemos comentado en ocasiones anteriores, al final del día, lo que estamos viendo es una gran apuesta por parte del mercado a que los bancos centrales seguirán actuando como proveedores de liquidez ilimitada.

En este espacio, hemos mencionado que las herramientas de política fiscal se encuentran muy limitadas y que la política monetaria se ha convertido en la única arma, pero un arma con rendimientos decrecientes. En fin, septiembre podría ser un mes crítico para el futuro de Europa y la economía global.

joaquinld@eleconomista.com.mx