El IFT parece estar actuando de forma absolutamente contraria respecto al principio básico de la economía de Robbins: utilizar de forma eficiente recursos escasos para necesidades ilimitadas.

Telmex-Telnor han sido declarados agentes económicos preponderantes, parte del Grupo América Móvil, de un sector decreciente en la economía: la telefonía fija. Es absurdo, pues, regular a un agente cuando va perdiendo fuerza, lejos del principio de la regulación asimétrica, que consiste en la regulación del dominante porque su fuerza y su crecimiento puede impedir el crecimiento o surgimiento de otros agentes económicos en el mercado.

Aunque para el regulador la telefonía fija y la celular son mercados relevantes distintos, es necesario observar por qué decae la “fabricación” de minutos de las empresas de telefonía fija: por la sencilla razón de que están migrando a la telefonía móvil.

Pero no todo queda aquí: en dicha regulación, la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión da facultades omnímodas al regulador para regular a las empresas preponderantes o con poder sustancial. Destaca la de obligar al incumbente en separar su operación en filiales, para poder separar contablemente su actividad, e incluye la separación de la prestación de servicios al consumidor final de la prestada por interconexión a otros operadores, con la errónea visión de que con ello se va a aumentar la transparencia del regulador, lo que le va a obligar a dar tarifas no discriminatorias a sus competidores respecto a sus propias filiales.

Un economista amigo mío calificó esta separación funcional de “ficcional”. ¿Cómo es posible que los mismos dueños actúen con un conocimiento de mercado y ordenen a sus filiales que se comporten de manera distinta a la dirigida por sus superiores, máxime cuando no hay manera efectiva de que se impida que los órganos directivos de la matriz conozcan los datos financieros del mercado y sus filiales y exijan, por tanto, que sus filiales trabajen en forma contraria o distinta a la información que poseen sus directivos? Pensar otra cosa es desconocer el mercado, ir en contra de sus tendencias, exigir que el hijo se comporte contra su padre cuando éste es todavía menor de edad, y sobre todo, de manera más elemental, obligar al personal del IFT a gastar presupuesto, fuerzas, cabeza —que a veces no parece mostrarla—, recursos, en una palabra, para obtener un fin: el trato no desigual a los competidores respecto a sus propias filiales en cuanto a cobros de interconexión.

¿Qué nos dice el derecho de otros países? Cuando se partió la Standard Oil en 34 empresas, se trató de un proceso muy largo que al final no le quitó al grupo de control el dominio sobre sus filiales, aunque resultó con un menor porcentaje; tenemos en caso de AT&T, que se separó en un consent agreement con el Departamento de Justicia en 1980 en siete pedazos, y al poco tiempo el mercado de telecomunicaciones y radiodifusión estaba dando pasos agigantados hacia la convergencia, con lo que la separación no sirvió de mucho. Por último, tenemos el caso fallido de intentar partir en dos a Microsoft: una que vendiera sus paquetes y otra que suministrara sus sistemas operativos, que después de la iniciativa audaz del juez Jackson, quedó detenida en un Tribunal de Circuito de los EU. ¿Qué pasará con la separación funcional de Telmex-Telnor? No podemos ser muy optimistas, después de enunciar los casos sucedidos. Que se enfrascarán en una guerra de trincheras, transcurrida la cual no se logrará casi ningún avance a favor del consumidor. Lo lamentamos, pero no ha sido la decisión más inteligente (a pesar de contar con personal competente) del organismo regulador de las telecomunicaciones. Si dos personas cuentan mejor que una, siete —salvo los votos particulares— no piensan en forma alguna. Les falta solamente una materia: la gris.

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de Competencia, Protección de Datos y Consumidores del despacho Jalife& Caballero.