No nos alarmó del todo el cambio de perspectivas de crecimiento económico para México de Barclays Bank de +0.5 a -2%, sobre todo a raíz de lo que algunos economistas han denominado la tormenta perfecta: la explosión y falta de preparación de las autoridades mexicanas por la pandemia del coronavirus (que afectará directamente en sectores como el turismo y las cadenas globales de valor del sector eléctrico-electrónico y automotriz); la disminución explosiva del precio del petróleo (que ha bajado el precio de la mezcla mexicana hasta 23 dólares, la menor cantidad desde 1991) y su afectación directa a través de una disminución de los ingresos del PEF (cuando existe ya muy poco margen de recorte, pues se trata de un cadáver en sus huesos). Con la disminución del precio del petróleo el gobierno federal podrá tener un recorte de al menos 10% de sus ingresos.

A estos dos cisnes negros, que ahora vienen de fuera, hay que añadir la absoluta incompetencia de dentro del gobierno actual para lograr crecimiento económico (en el 2019 decrecimos en cifras del Inegi -0.14%), que a través de sus decisiones de ineptocracia logró una recesión autoinducida, cuando el crecimiento inercial era positivo desde hace varias décadas en torno a 2% (la nefasta época neoliberal). A eso hay que añadir cierta disminución de las exportaciones a Estados Unidos si se cumple el pronóstico de que ese país caiga en una pequeña recesión. Si hasta ahora AMLO no ha logrado crear un ambiente de profunda desconfianza propicia para las inversiones privadas, y peor aún las ha detenido. Sumado a que no deja actuar a su gabinete de “monigotes” mediocres, el panorama pinta todavía más desalentador.

México tiene los recursos (humanos y económicos) para salir rápido de esta “tormenta perfecta. Lo primero que tendría que hacer AMLO es llamar a la mucha gente competente formada en una izquierda o centro-izquierda técnica neokeynesiana, que ha descartado olímpicamente. Me decía uno de los economistas más egregios de esta corriente que AMLO solamente cambiaría de rumbo si hubiera una fuerte crisis económica al inicio de su sexenio (lo que parece va a suceder en el segundo año), dada su reconocida necedad. Añadía este autor que el riesgo de no hacer el cambio de rumbo podría ser terminar en una dictadura (Dios nos libre).

¿Es que carece de armas el gobierno federal? El Banxico solamente tiene un mandato: el control de la inflación, pero la Reserva Federal en Estados Unidos también tiene el mandato adicional de promover el crecimiento económico. Existen reservas —dejo en manos de los economistas si son las adecuadas o no para utilizar una parte de ellas para fomentar el crecimiento económico—, poseemos una banca de desarrollo que desapareció durante la generación neoliberal, pero que se puede resucitar para que sea una palanca del desarrollo económico. México puede captar inversión extranjera, especialmente china. Esto último —atraer inversión china— implicaría enfrentarse a Washington, tema muy improbable en el que AMLO se ha convertido en una persona de cascos ligeros con Trump, aunque si en el 2020 y el 2021 Estados Unidos entra en recesión, seguro que tal payaso perdería las elecciones frente a los demócratas, que siempre han sido más benignos con México. Debe hacerse una auténtica política industrial, especialmente hacia las mipymes.

México tiene alternativas para crear un plan anticrisis. Podría formar un consejo asesor económico y social dotado de gente de auténtica izquierda técnica que está descuidada en muchas instituciones académicas y que gustosamente daría el salto en cuanto AMLO le pidiera ayuda. El problema es que su necedad, aunada a su nula capacidad de ejecución y a la resurrección de la presidencia imperial posiblemente nos lleven más allá del precipicio. Ojalá este profesor tenga razón y AMLO escuche y haga caso a los muchos otros asesores accesibles cuando el país se le deshaga en las manos. Qué triste que tengamos que llegar a una catástrofe económica de esta naturaleza para que AMLO reaccione.