Es la primera vez desde la crisis de 1995 que la economía mexicana se desliga del ciclo de la economía estadounidense, en especial de la evolución registrada por la industria manufacturera.

El próximo viernes, el Inegi dará a conocer la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) que se generó en la economía mexicana durante el cuarto trimestre del año pasado. Con ella, podremos estimar preliminarmente, de cuánto fue el crecimiento durante ese trimestre y para el año en su conjunto. Y, por la información parcial con la que contamos (como la Inversión Fija Bruta, el valor de la construcción, la balanza comercial, el saldo superavitario en la cuenta corriente de la balanza de pagos que significa una transferencia de ahorro interno al exterior, empleados registrados ante el IMSS, ingresos tributarios diferentes al IEPS en combustibles y particularmente el IGAE que con el dato de noviembre se hilaron cinco meses consecutivos de crecimientos negativos), la expectativa es que la economía se contrajo durante el trimestre pasado y, en consecuencia, para todo el año, dado que durante los primeros tres trimestres el crecimiento fue nulo. Es la primera vez, desde la crisis macroeconómica de 1995 que la economía mexicana se desligó del ciclo de la economía estadounidense, particularmente de la evolución registrada por la industria manufacturera de ese país.

Las explicaciones de la evolución del PIB durante el 2019 ya se han dado con anterioridad, como son la incertidumbre generada por el proceso de aprobación del T-MEC y la contracción de la inversión pública (el nivel de ésta durante el tercer trimestre fue de sólo 2.9% del PIB, la menor desde la década de los 60 del siglo pasado), pero, sobre todo, por la incertidumbre jurídica que el gobierno introdujo al modificar arbitrariamente las reglas, destacando las del sector energético, junto con otras decisiones erradas de política pública y de política económica.

Al haber prácticamente resuelto la aprobación del T-MEC (falta únicamente la ratificación del Parlamento canadiense) es importante señalar que su entrada en vigor no significará un impulso apreciable ni a la inversión extranjera ni, en consecuencia, al crecimiento en el país. No mientras no se resuelvan las causas internas que generaron la caída de la inversión privada nacional y extranjera y el estancamiento de la economía. Al respecto, las perspectivas no son alentadoras, por lo que las expectativas para este año son de una tasa de crecimiento de entre 0.5 y 1 por ciento.

Tener tan baja esta tasa de crecimiento económico implica no sólo una menor creación de empleos formales, la principal fuente para reducir la pobreza (los diferentes programas gubernamentales de transferencias corrientes son un paliativo), sino que, además, pone en entredicho las metas de ingresos del gobierno y su compromiso de generar un superávit primario de las finanzas públicas (no hay que olvidar que la estimación de ingresos tributarios del gobierno se hizo suponiendo una tasa de crecimiento de 2 por ciento). A lo anterior, hay que agregar la, prácticamente imposible de lograr, meta de tener una producción de 1.9 millones de barriles diarios de petróleo, una fuente más de pérdida de ingresos respecto a lo estimado.

En este escenario no se entienden, más que por una ideología trasnochada y obsoleta, las decisiones del presidente López Obrador en materia energética. La decisión de no reanudar las licitaciones de campos a través de nuevas rondas, así como no recurrir a asociaciones de exploración y producción de Pemex con el sector privado, implica no sólo la menor producción de petróleo y gas, sino además el uso creciente de recursos fiscales que tienen un uso alternativo y la alta probabilidad de que la deuda de esta empresa sea degradada a la condición de “chatarra”. Además, en generación de electricidad, la decisión es tratar de fortalecer la posición monopólica de la CFE, excluyendo al sector privado que la genera a menores costos.

No son buenas señales y el costo será elevado.

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Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.