El campo es un territorio desconocido para la mayoría de los 101.2 millones de mexicanos que viven en las ciudades. Sólo aquellos citadinos que por alguna razón de trabajo o esparcimiento suelen visitarlo entienden de alguna manera la realidad y la problemática de las zonas rurales y de quienes ahí radican.

Gran parte de estos 101.2 millones de citadinos desconoce cómo viven y qué hacen los 25 millones de hombres y mujeres de las zonas rurales que, a final de cuentas, son quienes les proporcionan los alimentos que requieren para vivir y una gran cantidad de productos que adquieren para que sus vidas sean más cómodas.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en el 2018 41.9% de la población del país era pobre, porcentaje menor a 44.4% registrado en el 2008. Sin embargo, debido al crecimiento demográfico, “el número de personas en situación de pobreza pasó de 49.5 a 52.4 millones de personas entre el 2008 y el 2018”, y “la pobreza en el 2018 en zonas rurales aún sigue siendo mayor: 55.3% comparado con 37.6% en las zonas urbanas”.

No es casualidad que la pobreza sea mayor en casi todos aquellos estados en donde hay una mayor proporción de población rural o semirrural, entre ellos, con más de 50% viviendo en esas zonas: Oaxaca (76%), Hidalgo (69%), Chiapas (68%), Tabasco (66%), Tlaxcala (64%), Zacatecas (63%), Guerrero (60%), Veracruz (57%), Nayarit (56%), Michoacán (53%), Puebla (52%) y San Luis Potosí (50 por ciento).

En el 2018, de acuerdo con el Coneval, los estados “con mayor porcentaje de población en situación de pobreza”, registrando un porcentaje arriba del promedio nacional de 41.9%, eran Chiapas (76.4%), Guerrero (66.5%), Oaxaca (66.4%), Veracruz (61.8%), Puebla (58.9%), Tabasco (53.6%), Morelos (50.8%), Tlaxcala (48.4%), Zacatecas (46.8%), Campeche (46.2%), Michoacán (46.0%), Hidalgo (43.8%), San Luis Potosí y Guanajuato (43.4% cada uno) y Estado de México (42.7 por ciento).

Con base en estos números que reflejan una terrible realidad, el gobierno de la 4T diseñó y arrancó el programa Sembrando Vida, que busca reforestar el país y mejorarle las condiciones de vida a miles de campesinos, reforestando entre el 2019 y el 2020 1 millón de hectáreas, y regenerando el tejido social de las comunidades rurales.

En la conferencia de prensa presidencial del miércoles pasado, la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, explicó que “es un programa que habla de reforestación y de restauración productiva (...) Hablamos de producción, de producción para el bienestar. Hablamos de que vamos a tener cadenas de valor agregado en tres años, y vamos a tener también fustes de árboles en 15, 20 y 25 años”.

Los beneficiarios del programa, denominados sembradores, ya son 229,091, de una meta de 230,000, distribuidos en Campeche, Chiapas, Durango, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán, y en un total de poco más de 400 hectáreas están sembrando sus milpas intercaladas con árboles frutales y maderables que en algunos casos podrán ser explotados en tres años.

Soy absolutamente ignorante en este tema, pero me gustó la explicación que dio Albores, y entendí por qué los gobernadores de los estados, hasta ahora beneficiados, me han manifestado estar entusiasmados por sus alcances.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.