El mundo descansa en la punta de tu espada .

Chou Lao

Las Margaritas, en Chiapas, fue el mejor lugar para anunciar el programa que habrá de superar hambre y pobreza extrema de más de 7 millones de mexicanos.

Ahí sigue viva la llamada de la dignidad y la justicia. En la fase siguiente se tendrá que voltear la mirada hacia otro grupo del mismo tamaño que este frente, al cual se ha suscrito ahora un compromiso ineludible.

Nadie puede tolerar que cada día mueran por desnutrición 27 niños de menos de seis años. Desde ese monte sacrificial comienza todo, el vivir-juntos y el autogobernarse, desde lo más frágil. Desde ahí hay que transformar la carga del mundo en producción de mundo.

El hambre corporal es la traza dolorosa del hambre de justicia. El pan que se va repartir debe ir acompañado de la posibilidad de hacer pan, de hacer mundo, de sembrar y cosechar, de figurar y configurar cosas reales y virtuales. Está bien la multiplicación del maíz y tener en qué almacenarlo, pero ¿por qué no sembrar alta tecnología en los 400 municipios del hambre? 

¡Hambre cero! es la consigna, cediendo un poco a la facilidad de la repetición de ese cero. Delincuencia cero , etc. Precisamente, el pensamiento de acabar con el hambre lleva a otra colina en donde se inmola todavía a muchos humanos: el analfabetismo. ¿Cómo pueden vivir los que saben leer y escribir frente a 6 millones que no saben leer ni escribir?

Hace siglos, un viejísimo amigo, canadiense, profesor de bachillerato, por cierto, se refería al mundo cerrado y oscuro en el que vivía su padre analfabeto.

No podía guiarse entre las calles, ni tomar el autobús correcto, ni leer los globitos significantes de las caricaturas de aquellos tiempos. 

¡Analfabetismo cero! podría ser un logro histórico. Una oleada serena e imaginativa lo puede alcanzar. En la familia, que el niño descifre el misterio de los signos a padres y abuelos, que les enseñe a dibujarlos.

La escuela, que irradie luz, ¿qué es una escuela que no irradia saber en sus entornos? Y en todo lugar y en todas partes.

Palacios municipales, oficinas diversas, lugares de trabajo, calles y plazas públicas. Reeditar las viejas cartillas o diseñar nuevas, pero ya. Luego, todas las editoriales, incluidas las transnacionales, regalarán libros, primero los de letra grande, luego, los de pequeña. Abrir un libro, hojear el universo del sí mismo.