El libro Rabia de Bob Woodward retrata el miedo que representa la derrota para Donald Trump.

“¿Cómo se lleva eso de perder? (...) ¿Es duro perder?”. En la escena aparecen el presidente y Andrew McCabe. Es 2017 y McCabe sustituye de manera interina a James Comey en la dirección del FBI. Su esposa Jill era una médica pediatra y en 2015 se presentó sin éxito como demócrata en la búsqueda de un escaño en el Senado por Virginia. “Jill está bien, le dijo McCabe” al presidente Trump.

“¿Cómo se lleva eso de perder?, le preguntó el presidente. ¿Es duro perder?

“Siempre es duro perder, respondió McCabe. Se ha vuelto a dedicar a cuidar niños que están en urgencias en el hospital".

“Debe ser realmente duro, dijo Trump, casi con desdén. Ser una perdedora”.

Una segunda escena del espléndido libro de Woodward retrata la obsesión de Trump por la manipulación y la mentira. “El lunes 22 de mayo de 2017 Trump estaba en Tel Aviv, reuniéndose con Netanyahu en el hotel Rey David (...) Jared Kushner fue corriendo a buscar a (Rex) Tillerson”, en ese entonces era el secretario de Estado.

Tiene que ir en seguida, dijo un ayudante. Le están enseñando un video al presidente. Es espantoso. Tiene que ir y calmar al presidente rápido.

“Por aquel entonces ya había bastante desconfianza entre Tillerson y la Casa Blanca, y el secretario de Estado no sabía si Kushner estaba haciendo teatro o incluso tendiéndole una trampa. Pero de todos modos acudió a la reunión entre Trump y Netanyahu.

“Mire, dijo Trump. ¡Esto es increíble! Tiene que ver esto”.

“Pusieron el video de nuevo para que lo viera Tillerson. Mostraba una serie de comentarios unidos entre sí del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, que se suponía que era el socio de Israel en el plan de paz que estaba tratando de llevar a cabo Kushner. Parecía que Abás estaba ordenando el asesinato de niños. Tillerson vio que era falso o estaba manipulado, que habían cogido palabras y frases fuera de contexto y las habían unido todas.

“¿Y este es el tipo al que quiere ayudar?”, dijo Netanyahu.

Cuando se fue Netanyahu, le dijo a Trump:

“Señor presidente, ¿se da cuenta de que todo esto es un montaje?

“Pues no, dijo Trump, no es un montaje. Cogieron al tipo en esa grabación diciendo eso”.

El miedo a la derrota y la obsesión por la mentira son los rasgos de Trump que se le están profundizando en estos días frente a la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales.

Trump devaluó el liderazgo de Estados Unidos desde el primer día de su gobierno, pero lo que puede ocurrir en los próximos 70 y últimos días de su administración, es de pronóstico reservado. Al desconocer la victoria de Biden el presidente de Estados Unidos ha entrado a una realidad alternativa donde el fraude de los demócratas le dará el pase a la presidencia por otros cuatro años más. “WE WILL WIN”, escribió ayer 10 de noviembre, en Twitter, y con mayúsculas para darse ánimos. Ganaremos. La noche del lunes ordenó al Fiscal General poner en alerta a los 93 fiscales federales para que investiguen fraude por debajo de las piedras. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, tranquilizaba a la nación al asegurar que la transición será tranquila y será para una segunda administración del presidente Trump.

En la otra realidad, Joe Biden charló ayer 10 de noviembre, con Boris Johnson y Emmanuel Macron sobre los ejes de su próximo gobierno. Johnson lo invitó a una cumbre del medio ambiente que se llevará a cabo en Glasgow, y a Macron el presidente electo le confió que pronto mejorará la relación bilateral con Francia y reforzará la cohesión con la Alianza Atlántica.

Cada día que pasa Trump construye su legado mediocre pocas veces visto en Estados Unidos. Su actitud revela el deseo de tomar como rehenes a los que le dieron la victoria a Joe Biden. Su deseo, secuestrar a la Casa Blanca.

fausto.pretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.