Hace unos días concluyó en Davos la reunión anual del Foro Económico Mundial a la que asistieron algunos de líderes empresariales, sociales y políticos con mayor poder en el mundo. Sin duda, uno de los temas que mayor preocupación generó es el estado de la economía global.

La discusión en el pequeño pueblo nevado no sólo giró en torno de la necesidad de aplicar medidas de austeridad fiscal en Europa, sino de impulsar verdaderas reformas que vayan a las causas estructurales del problema y no que sólo sean remedios paliativos.

En este contexto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, se refirió de manera especial a los jóvenes.

Reconoció que, al ser la principal víctima del desempleo, es precisamente una nueva generación la que tiene que apostar a cambiar las reglas del juego, construyendo una nueva visión de futuro.

Lagarde afirmó que los empleos del futuro serán diferentes y que la gente tendrá que inventar su propio trabajo, educarse de una manera distinta y concebir su relación con el trabajo de una forma nueva. El problema es que, ante tanta incertidumbre, cada uno espera a que el otro actúe para decidir qué hacer cuando se requieren respuestas inmediatas y soluciones contundentes.

La lideresa del FMI sugirió que los gobiernos hagan su parte y reduzcan considerablemente el déficit y la deuda.

Al hablar sobre las economías emergentes, Lagarde afirmó que, a diferencia de Estados Unidos y la Unión Europea, no han sido tan golpeadas por la crisis y por ende, son estos países los que pueden ayudar de manera considerable a aquellos que han sido más afectados. Reconociendo las múltiples manifestaciones de descontento por parte de los jóvenes alrededor del mundo, los líderes en Davos coincidieron en que es momento de ser más creativos.

Para poder explotar la creatividad se requiere un marco de libertad y para que éste exista se necesita forzosamente que quienes menos oportunidades tienen empiecen a ser incluidos en un sistema que no puede estar disponible sólo para unos cuantos.

En ese sentido, México tiene un gran reto por delante: ser más incluyente. A los ciudadanos, entonces, nos corresponde trabajar incansablemente para conquistar esa libertad que aún no gozamos plenamente, de manera que podamos generar las condiciones que nos permitan explotar nuestra creatividad al máximo para resolver los problemas que el gobierno no puede ni debe solucionar.

armando.regil@eleconomista.mx

Twitter: @armando_regil