Algunos países cuyo abasto de alimentos depende en gran medida de las importaciones decidieron hacer frente a su vulnerabilidad comprando o rentando tierras, de manera particular en África, después de la crisis provocada por el alza de los precios en el periodo 2007-2008.

Entre el 2004 y el 2009 se vendieron o alquilaron, por gobiernos e inversionistas extranjeros, 1’490,000 hectáreas en Liberia, y 1’255,000 hectáreas en Mozambique, que equivalen a 14,900 kilómetros cuadrados y 12,500 kilómetros cuadrados respectivamente, según información de la FAO y el Banco Mundial (BM).

En el caso de Sudán fueron 872,000 hectáreas y 607,000 hectáreas en Etiopía, que suman 8,720 kilómetros cuadrados y 6,070 kilómetros cuadrados, respectivamente, en el mismo tiempo y de acuerdo con las fuentes ya citadas.

Se sabe que en el 2010 Malí vendió o rentó 372,000 hectáreas, que son 3,720 kilómetros cuadrados. Sólo en estos cinco países suman 4'596,000 hectáreas, que equivalen a 45,960 kilómetros cuadrados, un poco más que la extensión de un país como Suiza.

El caso de Madagascar, indica lo que podría ocurrir en el futuro. En el 2009, la transnacional surcoreana Daewood intentó comprar 1'300,000 hectáreas, 13,000 kilómetros cuadrados, que equivale a un poco más de la mitad de Bélgica o de El Salvador.

La noticia de la venta provocó, entre campesinos expropiados o pastores despojados al acceso a la tierra, grandes disturbios que dejaron decenas de muertos y provocó la caída del gobierno. La nueva administración al asumir el poder echó abajo el acuerdo anterior.

A los problemas de la tierra se añade el del uso del agua, que provoca tensiones de una nación con otra. Los conflictos están ya presentes entre los países de las cuencas de los ríos Nilo y Niger, donde se concentra buena parte de las tierras vendidas o rentadas por la extracción desmedida del agua.

La pugna por la tierra y el agua tiene una carga política desestabilizadora en países donde el acceso a estos bienes sigue siendo fundamental para la subsistencia de una gran parte de su población. Los que defienden este tipo de inversiones sostienen que traen capital, infraestructura, tecnología y empleo a la región.

Los gobiernos que compran o rentan tierras en África son cinco: China, India, Corea del Sur, Arabia Saudita, Quatar y Emiratos Árabes Unidos. De estos países provienen también los inversionistas privados, que muchas veces están relacionados con sus gobiernos.

El problema lo plantea David Anderson, profesor del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Oxford, cuando asegura que África está siendo explotada otra vez .

Sus tierras son solución barata para los problemas de otros. Y es una situación con potencial explosivo , dijo. (Más información en El País, 31 de octubre del 2011).

Twitter: @RubenAguilar