En el entorno actual de la economía mexicana, hay al menos cuatro factores internos que operan en contra de la estabilidad del tipo de cambio...

Con buena puntería política para con poco mérito intelectual u operativo, el presidente López Obrador optó por colgarse la medalla por la estabilidad del tipo de cambio. El tipo de cambio, recuerdo a los lectores, es el precio del dólar y de las divisas del mundo en pesos mexicanos. Pero en ese frente tan importante del desempeño de la economía mexicana, han empezado a aparecer nubarrones en el horizonte. En ese orden, hago referencia a la cabeza principal en la edición de El Economista del pasado lunes: “Futuros del peso acumulan cada vez más posiciones en contra en Chicago”.

El dato es bastante robusto, ya que no se trata de meros pronósticos de expertos en la materia, sino de cotizaciones a futuro en un mercado muy profundo, como lo es la Bolsa de Valores de esa ciudad estadounidense (CME por sus siglas en inglés). En la nota periodística correspondiente, se atribuyeron esas cotizaciones (sic.) “a las presiones inflacionarias y al fortalecimiento del dólar como activo de reserva para los inversionistas…”. Siendo ciertos esos factores causales, no son desde luego los únicos que amenazan a la estabilidad externa de nuestra moneda. También cuentan y mucho, los factores internos.

En ese sentido, hay en el entorno actual de la economía mexicana al menos cuatro factores que visiblemente operan en contra de la estabilidad del tipo de cambio. Uno de ellos, corresponde, de manera evidente, al problema de la inflación local. De ahí que al Banco de México no le quedará en el panorama de corto y medio plazo más que tender a una postura de restricción antiinflacionaria. Pero a lo anterior también su suman otros factores, como designaciones de calidad insuficiente para funcionarios de nivel elevado, proyectos del gobierno muy desacertados y, desde luego, la muy desestabilizadora retórica del presidente, sobre todo en sus mañaneras.

No debe caber duda. El muy polémico proyecto de la contrarreforma eléctrica ya está teniendo un efecto disuasorio sobre las inversiones externas. En ese sentido, con respeto me permito recordar a las autoridades que el tipo de cambio se sostiene con oferta de dólares y con contención de su demanda. Y el efecto contrario es el que se produce en el mercado cambiario cuando, por ejemplo, el presidente López Obrador arremete en contra de intelectuales críticos a los que parece odiar mucho en lo personal. Se le llama fuga de capitales.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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