No lo podía creer. Pensó estaba soñando. Era ovacionado en el Congreso, tras explicar con cifras y datos las bondades de su gobierno a favor de pobres, niñez, logros y esfuerzos de tres años para bien de los mexicanos, su guerra contra el crimen organizado y los capos del narcotráfico.

Lo más desconcertante era que congresistas Republicamos y Demócratas lo aplaudían. Se envalentonó para reclamar que se frene el trasiego de armas, con las que se están segando las vidas de narcotraficantes, civiles y otros en daños colaterales’’.

Dos días de ensueño para el presidente Felipe Calderón. Pero lo despertó la realidad. Sí los congresistas aceptaron con aplausos su disertación social, económica y política que aplica en México.

Había superado los disparos que hizo prensa que en su gobierno hay malosos que protegen a una ridícula minoría’’ conformada por Joaquín El Chapo Guzmán y sus huestes del cártel del Pacífico –allá aún lo señalan como Sinaloa- Ignacio Nacho Coronel, Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza Moreno El Azul.

Sin embargo, despertó. ¡Ha! Estaba en Estados Unidos ante el Congreso del país más poderoso del mundo. No el suyo, donde los legisladores en las Cámaras de Diputados y Senadores le han puesto todas las trabas a sus proyectos de todo tipo de reformas.

Recinto donde incluso iba a ser impedido de tomar posesión como Presidente de la República, donde aplausos sólo ha recibido de correligionarios del Partido Acción Nacional (PAN), aunque no todos, porque ahí mismo en el seno de su instituto político tiene adversarios que no comparten resultados y propuestas.

Ahora regresará a su Patria, donde será notificado que el PAN perdió la alcaldía de Mérida, Yucatán, el pasado domingo, que su partido mantuvo 20 años bajo su tutela y aún más, la desaparición’’ a quien llamó su amigo’’: Diego Fernández de Cevallos.

Ese mítico político mexicano que estuvo a punto de ser Presidente, pero por extrañas razones bajo el ritmo y cedió ante la maquinaria del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que colocó a Ernesto Zedillo Ponce de León en la silla de Los Pinos, el último mandatario tricolor.

Ojala que la energía con que se cargo en Estados Unidos lo mantenga para la otra mitad de su sexenio y entonces si ofrezca fórmulas para que se cumpla todo lo que prometió: empleo, mejores niveles de vida, acortar la brecha entre pobres y ricos y más.

Que su discurso monotemático’’ de inseguridad pase a segundo término y de verdad vencer a los Cinco Jinetes del Apocalipsis’’, que al parecer siempre que sale de viaje los cuacos se vuelven a salir del corral, para hacer la vida imposible a la mayoría de los 108 millones de mexicanos.

Esperemos que de verdad el entusiasmo y la buena vibra recolectada en tierras estadounidenses, donde el discurso de Barack Obama fue de entendimiento mejore el talante del Presidente azteca y su futuro, porque por una u otra situación le ha llovido sobre mojado y los tiempos de su mandato se acortan.