El lunes, Theresa May se quejó de que los medios de comunicación la habían malinterpretado con respecto al Brexit.

Se informó de que la primera ministra había declarado: Estoy tentada a decir que los que se equivocan son aquellos que imprimen cosas diciendo que hablo de un Brexit duro, (y de que) es del todo inevitable que se produzca un Brexit duro. No acepto los términos Brexit blando y duro.

Lo que estamos haciendo es tratar de obtener un acuerdo ambicioso y bueno, el mejor posible, para el Reino Unido, en lo que se refiere al comercio con el mercado único europeo .

¿Malinterpretan los medios de comunicación a la primera ministra?

Por alguna razón, May se niega deliberadamente a admitir que su gobierno trata de sacar al Reino Unido del mercado único de la UE. No obstante, ya se ha explicado en este medio que la salida del mercado único es la implicación lógica y necesaria de las propuestas que asevera la primera ministra.

En resumen, el gobierno británico ha planteado dos exigencias explícitas y tres generales que son relevantes para el mercado único. Las dos específicas son que el Reino Unido abandone la UE, y que deje de estar sujeto a la jurisdicción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Son exigencias cuyo cumplimiento podrá verificarse.

Las tres demandas generales son que el Reino Unido recupere el control de sus fronteras, de su legislación y de su dinero. No son menos importantes, pero sí más imprecisas. Tal vez pueda discutirse que alguna de ellas sea alcanzable. Pero si se cumplen en su totalidad, el Reino Unido dejaría de ser un miembro del mercado único. No hay otro desenlace plausible. También son, por lo tanto, binarias . Las exigencias pueden cumplirse o el Reino Unido puede seguir siendo parte de la UE, pero no ambas.

La primera ministra lo sabe. La UE lo sabe. Todo aquel a quien le importe lo sabe. Pero May asegura que esto no implica que hable de un Brexit duro o de que éste sea inevitable.

Tal vez tenga su propia definición de un Brexit duro , pero si hay algo que implica el término, es que el Reino Unido dejará de ser miembro del mercado único el mismo día que el país abandone la UE. Si May es sincera con respecto a las propuestas que ha afirmado, ese será el desenlace.

Y si algo puede describirse como inevitable , eso debe ser el final de la pertenencia al mercado único, una vez que se notifique el Artículo 50. Esto se debe a tres razones, cada una de ellas de peso, por derecho propio. La primera es la condición base; un Brexit duro es lo que sucederá a menos que se llegue a un acuerdo. La segunda es la postura coherente dentro de la UE con respecto a la próxima negociación. La tercera es la implicación necesaria de las opiniones expresadas por May. Si juntamos estas tres razones, no se vislumbra de dónde podría salir un Brexit blando .

Tal vez a la primera ministra no le guste cómo suena la frase Brexit duro . Pero su significado describe la postura del gobierno y lo que llegará a pasar, a menos que se alcance (extraordinariamente) un acuerdo.

Como es evidente, las condiciones de un acuerdo de transición (o de ajuste ) y el posible pacto comercial resultante siguen en el aire. Y estas pueden estar de algún modo vigentes el día que se materialice el Brexit. Tal vez las condiciones impliquen una estrecha convergencia con el mercado único, con un acceso sin aranceles para los productos y cláusulas liberales para los servicios y el capital. May ha declarado que quiere el mejor acuerdo posible para el Reino Unido (aunque lo plausible parece menos ventajoso desde el punto de vista económico que la relación actual). Pero estos acuerdos son algo futuro, si es que llegan a materializarse. Dependen de que los 27 estados miembros restantes alcancen una postura común sobre textos de documentos de los que ni siquiera existe un borrador, y que afectan a cuestiones que ni siquiera han sido identificadas públicamente.

Lo que está claro es que una vez que se active el Artículo 50 en marzo, el Reino Unido estará fuera del mercado único por defecto, y también porque es la postura tanto de la UE como del Reino Unido. Esto no es una mala interpretación de la realidad actual o de las declaraciones públicas de la primera ministra; es su consecuencia natural. Y es lo que sucederá una vez que el proceso comience, por lo que, en ese sentido, es justo describirlo como inevitable.