Cuenta una leyenda, de esas que dicen con acordeón y a dos voces, que en la borrascosa juventud de un corredor que hoy compite por el Gran Premio de México-2018, una mañana entró corriendo a su casa para darle una terrible noticia a su madre:

—Qué pasa, m’ijo, soy Tomasa, tu amá.

—Jefecita, se están robando al marrano.

—No puede ser. ¡Vamos!

Salieron al patio y acorralaron a un fulano que ya traía al puerco en el lomo. Antes le había dado un pedazo de jabón con alcohol para que no chillara.

La mujer le increpó diciendo “méndigo ratero, deja mi marrano”.

Aquel malora sólo atinó a decir “pos ya me jayastes, pos vamos a bailar”. Por alguna extraña razón, la mujer aceptó y el jovenazo, que era tartamudo, comenzó a cantar se es-táan ro-ban-do al marranooo.

Pues como maldición, ahora cuando iba a comenzar la carrera, este corredor se acercó a las oficinas de Don Lencho Donelli; usted sabe, el jefe de bandederos de la Gran Carrera, y en la sala aquella le informa que... pues que no, que hizo trampa en la carrera telonera de posicionamiento y que no le iban a dar su pase de acceso a la pista.

 En esa oficina se escuchó (cosa rarísima) la vocecilla aquella “se es-táan ro-ban-do al marranooo”.

El pelado, que se arranca para la tribuna máxima de la contienda y que los jefes amonestadores le dicen: “No te preocupes, ya hablamos con Don Lencho y ya te va a dejar pasar”.

—Pero es que Don Lencho ni siquiera me dio tiempo de explicarle lo que estaba haciendo la raza.

—No pasa nada, se manchó. Cómete un bolillo, que ya lo reprendimos por no dejarte explicar.

Aunque la carrera ya había comenzado hace algunos días, este corredor ahí va tras los demás competidores de la Gran Carrera: en su tablero lleva unas estampitas, en el cuello como cinco colguijos y en el estéreo una pista con acordeón que dice “se es-táan ro-ban-do al marranooo”.