El jueves pasado se celebró en uno de los think-tanks más respetados de Washington, el Centro Internacional para Académicos Woodrow Wilson (WWC), una excelente reunión en la que se discutió el futuro de México desde diversos ángulos y puntos de vista, con la participación de distinguidos empresarios y académicos.

De la reunión aludida destacó, en primer lugar, el debate sobre la situación política de nuestro país conforme se acerca la temporada electoral del año próximo, tema en el que participaron los distinguidos académicos mexicanos Enrique Krauze, de Letras Libres; Sergio Aguayo, del Colegio de México, y Luis Rubio, del CIDAC.

Sus visiones fueron, por lo menos, contrastantes, lo que hizo que las presentaciones -acicateadas por los agudos comentarios del moderador Andrew Selee, director del área que analiza temas mexicanos en el WWC- y la discusión subsecuente fueran muy ricas y sugerentes.

En su perspectiva de historiador, Krauze se declaró optimista del avance en la consolidación democrática alcanzada por México, aunque lamentó que los partidos políticos no cumplan ni de lejos con su misión de representar cabalmente los intereses de la ciudadanía, lo que resultó en el estancamiento de la economía que, a su vez, ha provocado una preocupante inmovilidad social.

Por otra parte, Aguayo se declaró pesimista al destacar la incapacidad de las élites del país, en especial los partidos políticos, para conducir las indispensables reformas que lleven a atender las muchas necesidades insatisfechas de la sociedad, aunque ahora pone su fe en los ciudadanos y en la sociedad civil para guiar el cambio.

Me dio mucho gusto ver que Aguayo, con quien tengo una antigua amistad que no se había visto jamás ensombrecida por acuerdo alguno entre nuestras visiones del país, haya caído finalmente en la cuenta de que la mal llamada izquierda mexicana no pasa de ser una amalgama de intereses turbios y clientelares que manipulan a segmentos susceptibles de la sociedad para nutrir sus ambiciones personales.

Creo que la confianza que ahora deposita Aguayo en la sociedad civil, especialmente en el llamado Movimiento por la Paz con Justicia y Equidad que encabeza Javier Sicilia -a estos activistas les encantan los nombres rimbombantes-, también terminará en una desilusión profunda, pues basta ver quienes integran ese movimiento, las exigencias que hacen y las amenazas que profieren al gobierno para concluir que se trata de los sempiternos apoyadores de las causas progres.

Por otra parte, Luis Rubio enfatizó que la aparente correlación entre progreso y poder político centralizado en la historia de México lleva a conclusiones erróneas, pues tanto el Porfiriato como el lapso de dominio priísta que vieron florecer la economía por varios lustros acabaron en sendas debacles que borraron el progreso alcanzado.

A su juicio, la alternativa debiera ser construir instituciones bien diseñadas y fuertes y que ello puede hacerse de dos maneras complementarias: la presión ciudadana es necesaria, pero también la presencia de líderes políticos visionarios y honestos es un ingrediente esencial.

Por desgracia, los incentivos políticos no se han alineado para lograrlo, por lo que México pasó de la monarquía al feudalismo en una década.

Al respecto se llegó a una propuesta intermedia, la centralización de instituciones y procesos que no funcionan bien de ser fraccionados, como las políticas fiscal y monetaria, la policía y la administración de justicia en el ámbito federal, dentro de un régimen de gobierno que por lo demás sea descentralizado y democrático.

En otra sesión de este coloquio, Carlos Heredia, del CIDE, economista elocuente, hizo una afirmación a mi juicio inaceptable, al referirse al liderazgo en el Fondo Monetario Internacional (FMI), y dijo que prefería las políticas patrocinadas por Dominique Strauss-Kahn (DSK) en el FMI que las aplicadas por Agustín Carstens en el ámbito financiero nacional, porque las primeras priorizaban una agenda social de la que carece la gestión de Carstens.

La afirmación anterior es la típica inocentada de quien se cree la enumeración de buenas intenciones incluidas a iniciativa de DSK en los programas del FMI de rescate a países europeos, a las que son tan afectos los políticos socialistas como el propio Heredia, sin analizar los resultados obtenidos e imparcialmente medibles.

Lo cierto es que los rescates en Europa están lejos de haber tenido éxito o de haber protegido a la población de los países afectados, como lo acreditan las violentas protestas cotidianas, mientras que la solidez y estabilidad de la economía mexicana que aíslan al país de los avatares internacionales y así salvaguardan a los mexicanos de una eventual crisis por contagio son hechos tangibles y reconocidos.