Las malas nuevas en el ámbito financiero internacional se suceden una a otra sin interrupción en ominosa advertencia que las secuelas de lo que ya se conoce oficialmente como la Gran Recesión -expresión aceptada por el Manual de Estilo de la Associated Press- están vivitas y coleando.

La primera secuela, una recuperación que no genera fuentes de trabajo en Estados Unidos, se agravó el viernes con el anuncio de que la tasa de desempleo había repuntado por segundo mes consecutivo a 9.1%, debido a que en mayo sólo se crearon 54,000 nuevos cargos cuando los especialistas esperaban 200,000.

Esta situación se explica porque la industria de la construcción sigue estancada y, como declaró exgobernador de la Fed, Alan Greenspan, el propio viernes a la cadena CNBC: no ha habido una sola recuperación de la economía de EU desde los años 30 del siglo pasado que no haya sido acompañada de un vigoroso repunte en esa industria y afirmó que si éste hubiera sido el caso ahora, el desempleo sería de 6 por ciento.

La parálisis en la construcción, que precedió y fue una de las causas de la Gran Recesión iniciada en diciembre del 2007, había afectado al segmento residencial de los bienes raíces pues al tronar la burbuja especulativa, la demanda por nuevas casas se evaporó y continúa en estado catatónico, por lo que siguen cayendo sus precios.

El problema es que ahora es el segmento comercial en los bienes raíces el que se ha estancado por un gran exceso de oferta y, por lo tanto, se ofrecen profundos descuentos en los precios de edificios para uso comercial en el afán de sus desarrolladores por atraer clientes.

La caída en el sector comercial de la construcción era predecible pues la recesión afectó seriamente a empresas y comercios que son sus principales clientes y, según Greenspan, se debe también al extraordinario intervencionismo del gobierno de Barack Obama en la economía, lo que eleva riesgos y ofusca expectativas del sector privado que pospone sus inversiones, a pesar de haber generado pingües ganancias.

El activismo del gobierno no se limita a una política fiscal en exceso expansiva, que este año incurrirá en un déficit público superior a 10% del PIB, sino que se extiende también a la Fed, que habiendo reducido sus tasas de interés a cero, está por terminar este mes la segunda fase de inyección de dinero en la economía por 600,000 millones de dólares, en adición a la que emprendió en plena Gran Recesión por 1.75 billones.

Esta inyección de liquidez sin precedente, que ha llevado a la devaluación del dólar frente a otras monedas y a la que algunos analistas culpan de la infundada alza en los mercados accionarios -que esta semana cayeron 2.3%-, ha resultado también en que la estructura de tasas de interés se mantenga notablemente baja en todos los plazos.

Ello, a pesar de la incertidumbre que rodea a la ampliación del límite de la deuda pública en EU -que debe hacer su Congreso a más tardar el 2 de agosto para evitar la suspensión de pagos en sus obligaciones financieras- y de la amenaza de la empresa calificadora Moody’s de seguir los pasos de Standard & Poor’s en bajar su valoración.

La retórica en este tema ha subido de tono, con la facción más extrema de los legisladores republicanos exigiendo profundos recortes en el presupuesto y la cancelación del programa de cobertura médica del presidente Obama aprobado por la anterior Legislatura.

Una propuesta que ofreció el líder de la Cámara de Diputados fue bajar un dólar del presupuesto por cada dólar que se eleve el techo de la deuda, lo que de llevarse a efecto implicaría una radical rebaja de 14% en el gasto federal, equivalente al monto solicitado de 2 billones de dólares de aumento en el límite de la deuda, para llegar así hasta después de la próxima elección presidencial sin requerir de un nuevo permiso.

Mientras este escenario borrascoso aflige a EU, se agrava la situación en Grecia a pesar de que la Unión Europea y el FMI acordaron hacer el siguiente desembolso en el paquete de rescate negociado el año pasado, aunque no se cumplió con las metas fijadas, y crece el consenso que la renegociación de sus pasivos es inevitable.

Como pronosticamos hace meses en esta columna, la única forma de eludir la moratoria griega y su inevitable salida de la zona del euro para poder devaluar una nueva moneda es conseguir descuentos drásticos en el monto de su deuda, con consecuencias potencialmente devastadoras para los bancos acreedores.